El mar y yo…

Tengo la mala costumbre de contemplar el mar y lo echaría de menos si algún día tuviera que alejarme de él ”.

 

Amin Malouf-“El viaje de Baldassare”

Escritor libanés

 

 

Bahia de Palma con la Catedral "Seo" de fondo

Bahía de Palma con la Catedral

 

 

Al igual que define el personaje de la novela de Amin Malouf su sentimiento hacia el mar , a mí me pasa algo similar, quizás sea  porque como cantaba J. M. Serrat nací en el Mediterráneo; y  porque tal vez mi niñez siga jugando en sus playas. O también, porque siempre ha causado una atracción y fascinación especial en mi estado de ánimo proporcionándome esos momentos de sosiego íntimos, individuales y colectivos de sensación de libertad, de pequeñez ante la inmensidad, de paz interior, de disfrute y ocio compartido ,o solo, de incógnita ante su singularidad y secretos; en definitiva, por todo aquello que despierta algún tipo de emoción, sensación y sentimientos en mi persona.

 

Podría haber empezado esta relación con el mar en cualquier playa de mi niñez con mis padres y hermanos, o una madrugada en la lonja del puerto buscando cebo para salir a pescar con mi abuelo materno y mi tío, o paseando por el puerto de Barcelona, o el Paseo Marítimo de Palma de Mallorca, o en algún pueblo costero del cantábrico, o en cualquier visión inconsciente de un paisaje marino; lo cierto es…, que desde que tengo uso de razón siempre me ha cautivado y me ha atraído de manera irreversible casi hipnótica.

 

Perder la mirada en su majestuosa grandeza, poder disfrutar sólo de la contemplación de su vasta extensión natural, de la belleza de sus colores y matices, de sus olores acres y salobres, de sus infinitos paisajes acólitos, de sus sonidos relajantes o de sus inmensos silencios. Hace que despierte en mi la paz interior, el sosiego y el bienestar que la tierra me arrebata.

 

Ver como nacen y mueren las olas en la orilla, el rumor del agua y el murmullo del viento mezclándose como dos amantes en mis oídos, los brillos y tonos de su inmenso manto acuático, consiguen ese placer acústico que me apacigua el alma y me aparta de cualquier alteración mundana.

 

Esa satisfacción íntima que proporciona el caminar por las zona marítimas mientras la luz cegadora del sol y la claridad del cielo se funden en la pupila, la brisa marina te acaricia la cara, y el sonido tintineante de los aparejos y arboladuras de las embarcaciones te regalan una sinfonía de murmullos que extasían, no necesitas más que la compañía de alguien capaz de compartir estas sensaciones en un silencioso y cómplice paseo.

 

El misterio que encierra y los secretos que esconde,  al igual que nos oculta toda su vida y riquezas sin que el hombre sea capaz de descubrir, de  conocer  y desvelar todos sus enigmas; hacen, que su misteriosa leyenda atraiga a románticos incautos, científicos, pescadores profesionales y aficionados, buscadores de tesoros perdidos, paisajistas, artistas, profesionales de las distintas actividades marítimas,  y a un sin fin de gentes dispares que desde un punto de vista u otro sólo tienen en común esa inexplicable atracción por el mar.

 

En el mar no hay más traición que la imprevisión, el irraciocinio, el desprecio y la falta de respeto del hombre al medio que no conoce y que desea dominar impunemente para su propio beneficio. Esa inconsciencia humana hace que  se vea permanentemente sorprendido por su fuerza natural, la cual y a pesar del mismo,  no podrá controlar totalmente nunca, y a lo sumo, dentro de esa ansia desmesurada de poder y ambición a todo lo que le rodea únicamente logrará alterar su orden natural, llegando así a su destrucción antes que a su vasallaje. Por este motivo estamos obligados todos aquellos que disfrutamos de sus recursos, a su más exquisito cuidado, vigilancia y trato, de modo que podamos seguir disfrutándolo en las mejores condiciones posibles y dejando una herencia de valor incalculable a nuestros predecesores.

 

El mar es como la vida, o mejor dicho, el mar es la vida con todo lo que ello implica: seres vivos, supervivencia, lucha, belleza, pasión, peligro, armonía, sosiego, tempestad, paz, violencia, vida y muerte, bueno y malo. El ciclo vital de volver a empezar después de morir una y otra vez de manera casi eterna.

 

Levanta pasiones al igual que odios, porque no es diferente a nada, pero es distinto a todo, y se mueve bajo la ambigüedad que su propio nombre indica: “el mar”, “la mar”; pudiéndose articular en femenino y en masculino indistintamente.

 

Puede que muchas de las sensaciones y sentimientos que me proporciona el mar sean aplicables también a otros elementos naturales, como el cielo, los desiertos, los glaciares, las montañas, la selva, las estepas, etc. Pero yo nací cerca del mar, mis ancestros vivieron del mar, vivo rodeado por él y no tengo intención de dejar de seguir disfrutándolo mientras viva y pueda.

 

Por todo ello, siempre le estoy agradecido por dejarme disfrutarlo ,y sobre todo, por aquello que es capaz de aportar en mi, dándome paz y tranquilidad para ser capaz de reconciliarme con todo y con todos, en especial conmigo mismo.

 

Como todo aquello capaz de levantar pasiones el mar ha sido, es, y probablemente será eterna fuente de inspiración para el ser humano.

“Si mi voz muriera en tierra

llevadla al nivel del mar

Y dejadla en la ribera”…

“Que toque la mar,

que nunca ha visto y

 

se le llene el corazón de barcos”

 

 

Rafael Alberti

Marinero en tierra

 

La verdadera paz con Dios, empieza a 5 millas de la costa”

Arturo Pérez Reverte

La carta esférica

 

 

El Mar

El Mar

 

 

 

Jordi Carreño, agosto de 2004

 

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