Un paseo por el tiempo entre vinos y azulejos…

Me faltaba estrenar la categoría “De viaje por…” en el blog. Centrado y ocupado como he estado últimamente en otros menesteres como: completar otros contenidos de mayor relevancia y de terminar de perfilar los diseños de algunas páginas ya editadas y que no tienen todavía una calidad suficiente, como la que hace referencia a: “La Guía de Ayudas y enlaces” (Prometo no tardar mucho).

De los muchos viajes que he realizado (siempre acompañado por mi familia) me ha costado mucho elegir cual sería aquél que abriría el tema. Finalmente me he decidido por el último que hemos realizado a Portugal, entre otras cosas, porque lo tengo más reciente y fresco; pero sobre todo, porque hemos quedado en deuda con el país luso y tendremos que volver para terminar de ver aquello que nos ha quedado pendiente. Encima tengo que escoger un punto concreto; pero esta tarea es más fácil, porque sólo tengo dos opciones para empezar por el principio del mismo y su historia. O escojo el origen y donde se fundó el país (Guimaraes) , o  la ciudad que le da nombre al País (Oporto o Porto). La última es la opción escogida y creo que acertada.

Porto Cale, como la denominaron los romanos (significa “más allá del puerto o porto”) allá por el siglo V , es una ciudad espectacular. Un boulevard donde uno debe perderse y andar mucho para disfrutarlo. Es un paseo por el tiempo, el vino y las cerámicas. Un lugar mágico donde la vida en sus calles empedradas late continuamente, entre una y otra ribera del río Duero.

Panorámica de Cais de la Ribeira desde un mirador en Vilanova de Gaia

Panorámica de Cais de la Ribeira desde un mirador en Vilanova de Gaia

Un lugar pintoresco donde el desorden forma parte de su orden natural, donde el románico está presente en casi cada rincón, donde su imagen en inicio desaliñada, se convierte en un regalo para el viajero observador y avezado, una ciudad donde la lucha entre el tiempo pasado y el presente pugnan para unirse al futuro. Una arquitectura fantástica, calles empinadas de adoquines, sus tranvías, terrazas llenas de vida, iglesias, puentes, la estación de tren, los barrios típicos y únicos, la desembocadura del Duero al océano Atlántico, los rabelos o barcos toneleros, el comercio tradicional, el ambiente marinero, el halo de intelectualidad, sus magníficas bodegas, sus gentes bulliciosas, tranquilas y amables. En definitiva un compendio de sensaciones únicas e inolvidables.

¿Por dónde empezar? No es la pregunta del millón; pero siempre por el principio (es lo que manda el sentido común, que normalmente, es el menos común de los sentidos). Iniciar la aventura en la oficina de turismo que hay justo al lado del precioso Ayuntamiento de la ciudad, sito en la avenida “Dos Aliados” . Allí os informarán de las mejores rutas y os harán las recomendaciones oportunas de lo que no debéis perderos; y cual es la mejor forma de visitar la ciudad.

Torre de los Clérigos

Torre de los Clérigos

Es imposible no iniciar la visita por el barrio más famoso de Oporto y que es Patrimonio de la Humanidad (declarado por la UNESCO), conocido como el barrio de la ribeira (Cais de la Ribeira). Pasear por sus calles estrechas y angostas, visitando sus pintorescos rincones como el pórtico del carbón, los soportales; y tomar algo en la plaza del siglo XVIII que lleva el nombre del barrio (un vino de Oporto con una rodaja de naranja). De ahí se puede acceder directamente a la Iglesia de San Francisco, donde están las catacumbas ; y también llegar hasta la casa de los Infantes  cerca del puente de Luiz I , que nos lleva a la otra orilla (Vilanova de Gaia) donde podemos visitar las famosas bodegas de vinho do Porto. Antes podemos visitar La Misericordia subiendo su calle empedrada donde veremos librerías y comercios tradicionales hasta llegar a la estación de tren de San Bento (visitar sus mosaicos de azulejos), de ahí a Santa Clara y la Catedral (Se). No podemos dejar de visitar la avenida de los Aliados, donde está el ayuntamiento y la Plaza de la Libertad con el monumento a Pedro IV. Subiendo del monumento a la derecha, llegaremos a la Torre de los Clérigos y el Museo de Fotografía, la calle de las Flores, siempre acompañandos en el recorrido por los comercios típicos de Oporto.

Puente de Luiz I visto de el muelle de la Ribeira

Puente de Luiz I visto de el muelle de la Ribeira

No podéis dejar de visitar otros enclaves maravillosos como: las iglesias con azulejos de San Ildefonso, Massarelos; o la más pintoresca de todas, la capilla de Las Almas, la casa de la Bolsa de Comercio, casa de la calle de la Reboleira, el Palacio Episcopal, Palacio de Sao Joao Novo, Palacio de la Bolsa, la muralla Fernandina, los puentes.

Pero no todo deben ser visitas culturales. Hay que tener tiempo para tomarse algo en el café La Brasileira o el café del Hotel Majestic, subirse en el tranvía y visitar su museo, dar una vuelta con el bus turístico para ubicarse y conocer algo mejor lo que vamos a visitar; entrar en la mítica y estupenda librería de Lello & Irmao (Donde dicen que se inspiró Rowling para crear la escuela de Howard’s), pasear por los mercadillos de Bolhao o de Vilanova de Gaia, la playa de Foz con su fortaleza o Castillo de S. Joao y la desembocadura del Duero al Atlántico. Comprar en en la Casa Oriental de Café y Chocolate, o en el ultramarinos típico de Peroa do Bolhao, las tiendas de vinhos, de calzado, las pastelerías, etc.

Casa Oriental del Café y Chocolate

Casa Oriental del Café y Chocolate

Indudablemente hay que comer las especialidades de la tierra, así que no podéis iros sin probar :el bacalao Gomes de Sa; o el bacalao na brasa, la tripa do moda (parecido a los callos), caldo verde, arroz al horno, la francesiña (sándwich de jamón, salchichas, chorizo o carnes variadas y salsa). Por supuesto todo regado con vinho verde (blanco o tinto).

Por último una recomendación, los vinos de Oporto los podéis comprar en Carrefour  (un 30%) más baratos que en las bodegas. Vale la pena comprar vino y que te lo envíen si es algún vino especial de la ribera. (Por cierto no estaría mal un paseo en rabelo, por el Duero).

Oporto es una ciudad para pasear, así que no olvidaros el calzado cómodo y a ponerse en marcha.

Museo del Tranvia

Museo del Tranvía

Uno de los mosaicos de azulejos de San Bento

Uno de los mosaicos de azulejos de San Bento

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Jordi Carreño

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