JUAN CARLOS I y LOS BORBONES O LES BOURBONES…

Como todos sabéis,  no soy un fan precisamente de la monarquía y menos de la estirpe borbónica,  que además se agrava con la imposición de nuestro actual monarca por parte del sátrapa y dictador Francisco Franco. Ya sé,  que la figura del actual monarca está valorada de un modo positivo por la mayor parte del país; que incluso algún republicano de media tinta ha llegado a manifestarse como “juancarlista” (termino utilizado para aquellos que sin querer denominarse monárquicos aceptan la monarquía en la figura de Juan Carlos I). Yo no niego el papel que jugó en la transición, pero si, pongo en duda su altruista intención democrática. Ya que lo único que demuestran los hechos de la historia,  es  que su objetivo principal era conseguir la instauración o restauración monárquica sea como fuere, y lo demuestra,  el hecho de haber rendido pleitesía al dictador, además de que  también hizo juramento de  guardar y hacer guardar las Leyes Fundamentales del Reino y los principios del Movimiento Nacional, es decir, el ideario franquista, creando  así un conflicto en la Casa Real de los Borbones al hacerle la cama a su padre  que no era partidario del régimen del dictador,  como así hizo constar en el Manifiesto de Estoril.

Un rey que verdaderamente no ha sido legitimado, aunque así nos lo quieran vender. El juego ,  aprovechando la coyuntura de la imposición franquista, la polémica sucesión con la muerte del dictador y la instauración del falso sucesor llamado “Príncipe del Reino de España” en un título creado por el fascista jefe de Estado, el miedo de los demócratas a la linea de continuidad política  por parte del monarca,  al que consideraron un mal menor en el cambio de  la monarquía absolutista  a  monarquía parlamentaria y la libertad.  Juego que terminó felizmente con el ya olvidado  Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en este país de amnésicos, del cual quedan muchas preguntas sin contestar, y de donde muchos de sus actores desaparecieron rápidamente de la vida pública una vez cumplidas o medio cumplidas sus condenas. No es un rey elegido y ratificado por su pueblo, aunque lo dicho, así se hiciera constar al votar una Constitución que nos impuso la Monarquía Borbónica a cambio de la Democracia.

Escudo de la Casa de Borbón
Escudo de la Casa de Borbón

La Casa de Borbón (en francés: Bourbon, en italiano Borbone) es Casa Real de origen francés y la actual casa reinante en España y en el Gran Ducado de Luxemburgo. Gobernaron primero en Navarra y Francia, pero para el siglo XVIII los miembros de la Casa de Borbón llegaron a los tronos de España y de gran parte de Italia, destacando el Reino de las Dos Sicilias, además de varios pequeños ducados y condados.

La Casa de Borbón es una rama de la Dinastía de los Capetos, la más antigua dinastía real de Europa, que incluye a todos los descendientes de Hugo Capeto. La rama de Borbón procede de un hijo de Luis IX de Francia, Robert de Clermont. El primer duque de Borbón fue su hijo, Luis I de Borbón en 1317.

Hugo Capeto (940-996)

Hugo Capeto (940-996)

Esta Casa Real gobernó la Baja Navarra (desde 1555), y Francia (desde 1589) hasta agosto de 1792, cuando el rey fue derrocado por la Revolución Francesa y se formó la Convención Nacional , aunque posteriormente hubo una restauración, tras la caída del Primer Imperio Francés en 1815 con la caída de Napoleón y el retorno de Luis VII; pero la Revolución de Julio les depuso otra vez y la rama Borbón-Orleans tomó el poder entre 1830 y 1848, cuando la monarquía fue abolida definitivamente.

El primer miembro de la Casa de Borbón en España fue Felipe d’Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, quien sucedió a los Austrias. Es en este periodo donde se reemplaza el original francés Bourbon por su castellanización usada en nuestro idioma, Borbón. En España, los gobiernos se sucedieron desde 1700 a 1808 (Guerra de la Independencia), 1813 a 1868 (Sexenio Democrático, incluyendo la Primera República), desde 1875 a 1931 (Segunda República) y desde 1975 hasta la actualidad.

Es de la línea española desde donde se desprende, por ejemplo, la línea de los gobernantes de las Dos Sicilias (Borbón-Dos Sicilias), de Parma y Luxemburgo. Los emperadores pretendientes del Brasil, al igual que los pretendientes orleanistas del reino de Francia, provienen de la Casa de Orleáns, que descienden de los Borbones franceses.

Junto a la línea francesa se encuentran otras extintas, como la de los Príncipes de Condé (Borbón-Condé) y la de los Príncipes de Conti (Borbón-Conti), y también líneas ilegítimas que viven hasta hoy como Borbón-Busset.

Política borbónica

Los Borbones españoles del siglo XVIII —Felipe V (1700–1724 y 1724–1746), Luis I (1724), Fernando VI (1746–1759), Carlos III (1759–1788) y Carlos IV (1788–1808)— llevaron a cabo una política de profundas reformas en todos los campos con la intención de colocar a España en un lugar destacado entre las potencias europeas. Felipe V fue ayudado primero por consejeros franceses, relevados pronto por españoles pertenecientes a la primera generación de ilustrados.

La política dinástica sostenida por Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio, otorgó tronos en Italia a los hijos del matrimonio, dando origen a la rama Borbón-Sicilia. Los reinados de Fernando VI y Carlos III significaron la plenitud del reformismo.

El desarrollo de la América española, cuyas posibilidades económicas aún estaban por explotar en su mayor parte, fue una de las tareas que recibieron más atención.

El agotamiento de los hombres y los programas ilustrados reformistas y la implicación de España en los sucesos internacionales ocasionaron una profunda crisis del Estado y de la dinastía, que llegó a su punto álgido en el enfrentamiento entre el rey Carlos IV y su hijo, el príncipe de Asturias y futuro Fernando VII, (los cuales fueron obligados a abdicar por Napoleón en Bayona (Francia) a favor de su hermano José Bonaparte [José I – Pepe Botella])

Fernando VII con manto real

Fernando VII con manto real

La conjura de El Escorial (1807) y el motín de Aranjuez (1808), promovidos por el círculo de don Fernando contra el favorito de los reyes, Manuel Godoy, provocaron el derrocamiento de Carlos IV y la proclamación de Fernando VII. Estas alarmantes muestras de la descomposición de la dinastía sucedían en una España ocupada por las tropas de Napoleón I Bonaparte, en cuyos planes figuraba ya el destronamiento de los Borbones y la inserción de España en la órbita imperial.

El desprestigio de la familia real alcanzó su cima en las abdicaciones de Bayona, por las que Carlos IV y Fernando VII entregaron a Bonaparte sus derechos a la Corona de España, quien a su vez los transfirió a su hermano José (1808).

A excepción de Amadeo I (1870–1873), todos los reyes y reinas de España de los siglos XIX y XX han pertenecido a la dinastía borbónica: Fernando VII (1808–1833), Isabel II (1833–1868), Alfonso XII (1875–1885), Alfonso XIII (1886–1931) y el nieto de éste, Juan Carlos I, el actual soberano español, que en 1975 comenzó su reinado al ser nombrado sucesor del Caudillo Francisco Franco Bahamonde que lo había designado como sucesor suyo en virtud de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado del 26 de julio de 1947.

Juan Carlos fue propuesto como sucesor de Franco a título de Rey, propuesta ratificada por las Cortes Españolas en julio de 1969, ante las que el joven príncipe prestaría juramento de guardar y hacer guardar las Leyes Fundamentales del Reino y los principios del Movimiento Nacional, es decir, el ideario franquista.

Juan Carlos I entonces "Príncipe del Reino de España" jura fidelidad a Franco y el Movimiento Nacional
Juan Carlos I entonces “Príncipe del Reino de España” jura fidelidad a Franco y el Movimiento Nacional

Siguiendo las reglas dinásticas, la sucesión hubiera debido recaer en su padre, Juan de Borbón y Battenberg, tercer hijo y heredero del rey Alfonso XIII; sin embargo, las no muy cordiales relaciones entre Juan y Franco (Ver manifiesto de Estoril)  determinaron el salto en la línea de sucesión, y el nombramiento de Juan Carlos como Príncipe de España, título de nuevo cuño con el que Franco pretendía salvar distancias con respecto a la monarquía liberal. Dicho salto fue aceptado por el príncipe Juan Carlos, creando un conflicto interno en la Casa Real de Borbón. El Conde de Barcelona no renunciaría oficialmente a sus derechos sucesorios hasta 1977, cuando el reinado de su hijo y el fin del régimen franquista eran ya hechos consumados.

MANIFIESTO DE ESTORIL:

El 7 de abril de 1947 Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos, que era por derecho el heredero de la corona de España en ese momento, hizo público un manifiesto en el que denunciaba la ilegalidad de la Ley de Sucesión, porque se proponían alterar la naturaleza de la monarquía sin consultar con el heredero del trono.

D. Juan de Borbón (Conde de Barcelona)
D. Juan de Borbón (Conde de Barcelona)

Primer Manifiesto de Estoril de Don Juan, 7 de abril de 1947

Españoles:

El General Franco ha anunciado públicamente su propósito de presentar a las llamadas Cortes un proyecto de Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, por el cual España queda constituida en Reino, y se prevé un sistema por completo opuesto al de las Leyes que históricamente han regulado la sucesión a la Corona.

En momentos tan críticos para la estabilidad política de la Patria, no puedo dejar de dirigirme a vosotros, como legítimo Representante que soy de vuestra Monarquía, para fijar mi actitud ante tan grave intento.

Los principios que rigen la sucesión de la Corona, y que son uno de los elementos básicos de la legalidad en que la Monarquía Tradicional se asienta, no pueden ser modificados sin la actuación conjunta del Rey y de la Nación legítimamente representada en Cortes. Lo que ahora se quiere hacer carece de ambos concursos esenciales, pues ni el titular de la Corona interviene ni puede decirse que encarne la voluntad de la Nación el organismo que, con el nombre de Cortes, no pasa de ser una mera creación gubernativa. La Ley de Sucesión que naciera en condiciones tales adolecería de un vicio sustancial de nulidad.

Tanto o más grave es la cuestión de fondo que el citado proyecto plantea. Sin tener en cuenta la necesidad apremiante que España siente de contar con instituciones estables, sin querer advertir que lo que el país desea es salir cuanto antes de una interinidad cada día más peligrosa, sin comprender que la hostilidad de que la Patria se ve rodeada en el mundo nace en máxima parte de la presencia del General Franco en la Jefatura del Estado, lo que ahora se pretende es pura y simplemente convertir en vitalicia esa dictadura personal, convalidar unos títulos, según parece hasta ahora precarios, y disfrazar con el manto glorioso de la Monarquía un régimen de puro arbitrio gubernamental, la necesidad de la cual hace ya mucho tiempo que no existe.

Mañana la Historia, hoy los españoles, no me perdonarían si permaneciese silencioso ante el ataque que se pretende perpetrar contra la esencia misma de la Institución monárquica hereditaria, que es, en frase de nuestro Balmes, una de las conquistas más grandes y más felices de la ciencia política.

La Monarquía hereditaria es, por su propia naturaleza, un elemento básico de estabilidad, merced a la permanencia institucional que triunfa de la caducidad de las personas, y gracias a la fijeza y claridad de los principios sucesorios, que eliminan los motivos de discordia, y hacen posible el choque de los apetitos y las banderías.

Todas esas supremas ventajas desaparecen en el proyecto sucesorio, que cambia la fijeza en imprecisión, que abre la puerta a todas las contiendas intestinas, y que prescinde de la continuidad hereditaria, para volver, con lamentable espíritu de regresión, a una de esas imperfectas fórmulas de caudillaje electivo, en que se debatieron trágicamente los pueblos en los albores de su vida política.

Los momentos son demasiado graves para que España vaya a añadir una nueva ficción constitucional a las que hoy integran el conjunto de disposiciones que se quieren hacer pasar por leyes orgánicas de la Nación, y que además, nunca han tenido efectividad práctica.

Frente a ese intento, yo tengo el deber inexcusable de hacer una pública y solemne afirmación del supremo principio de legitimidad que encarno, de los imprescriptibles derechos de soberanía que la Providencia de Dios ha querido que vinieran a confluir en mi persona, y que no puedo en conciencia abandonar porque nacen de muchos siglos de Historia, y están directamente ligados con el presente y el porvenir de nuestra España.

Por lo mismo que he puesto mi suprema ilusión en ser el Rey de todos los españoles que quieran de buena fe acatar un Estado de Derecho inspirado en los principios esenciales de la vida de la Nación y que obligue por igual a gobernantes y gobernados, he estado y estoy dispuesto a facilitar todo lo que permita asegurar la normal e incondicional transmisión de poderes. Lo que no se me puede pedir es que dé mi asentimiento a actos que supongan el incumplimiento del sagrado deber de custodia de derechos que no son solo de la Corona, sino que forman parte del acervo espiritual de la Patria.

Con fe ciega en los grandes destinos de nuestra España querida, sabéis que podéis contar siempre con vuestro Rey.

JUAN

Estoril, 7 de abril de 1947

Fuentes consultadas:

Wikipedia

http://www.google.es/url?sa=t&source=web&ct=res&cd=1&url=http%3A%2F%2Fes.wikipedia.org%2Fwiki%2FCasa_de_Borb%25C3%25B3n&ei=foudSt3HMOKrjAfG2YCbAg&rct=j&q=borbones&usg=AFQjCNG5U89gnHqBX4BHFXNuGuIdqshcIA

Instituto Cervantes / Cervantes virtual.

http://www.google.es/url?sa=t&source=web&ct=res&cd=3&url=http%3A%2F%2Fwww.cervantesvirtual.com%2Fhistoria%2Fmonarquia%2Fborbones.shtml&ei=foudSt3HMOKrjAfG2YCbAg&rct=j&q=borbones&usg=AFQjCNH9AdFk7oRxDJP7PTkqNKo-8k2g3A

Bibliografía:

Historia del Mundo Contemporáneo (UNED) Genoveva García Queipo de Llano / Editorial Universitas, S. A.

Historia de España “Franquismo y Transición del apogeo del régimen a la consolidación de la democracia” 1951.1982

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