El tesoro intacto de Rafael Alberti…

El poeta demostró que siempre fue capaz de salir airoso de los nuevos retos estéticos. - PIERO DE MARCHIS

El poeta demostró que siempre fue capaz de salir airoso de los nuevos retos estéticos. - PIERO DE MARCHIS

El próximo miércoles se cumplen diez años de la muerte del poeta de la calle y su herencia se mantiene vigente entre los jóvenes autores, que reconocen sentirse más próximos a su obra surrealista.

P.H.R – Madrid – 24/10/2009 17:11

“Hay muchos poetas en Alberti”, dice Pere Gimferrer, que se recupera en casa de su susto en el último Premio Planeta. Fue su amigo, tuvo una estrecha relación con el poeta de Puerto de Santa María y trabaja desde hace años en recuperar su memoria poética, un tesoro que todavía no ha dado todos los frutos que podría parecer ofrecer la intensa producción del autor de Sobre los ángeles (1929).

Pere Gimferrer explica la laboriosa y lenta entrega a la que se ha sometido para rematar la primera edición crítica de las memorias del poeta de la calle. “Será la primera y única edición crítica que se conoce de La arboleda perdida, con capítulos no incluidos nunca antes, otros inéditos y borradores desconocidos”, más de 1.000 páginas publicadas por Seix Barral en las próximas semanas.

Estas memorias aclararán tanto partes de su labor poética como de su vida. Será la edición que los poetas jóvenes no conocían. Ellos saben lo que todos, las mil caras de Alberti: el más experimental, con Sobre los ángeles, Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos o Cal y canto (ambos de 1929). “Yo soy muy fan de Alberti escribiendo sobre Buster Keaton -cuenta el poeta Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976)- por su unión con el cine, porque usaba al actor en su propio beneficio del poema, porque empieza a usar la imaginería surrealista y la fuerza de las imágenes y las metáforas es mucho más potente”.

Irónico, social y emocionante

Si hay una cara duradera de Alberti frente a otras esa es precisamente la surrealista, la que reconoce como propia Alberto Santamaría y Elena Medel (Córdoba, 1985): “La parte más popular no me gusta nada. Es el tono surrealista el que muestra la libertad con la que estaba actuando Alberti. Son libros en los que hace realmente lo que le da la gana. Sobre los ángeles es un libro muy libre”. Pero ese tesoro intacto de Alberti no termina de asombrar a los más jóvenes, porque, como explica Medel, “todavía está muy cerca”. De hecho, el próximo miércoles se cumplen diez años de su fallecimiento, y la poeta cordobesa cree que le falta tiempo y distancia para que los más jóvenes quieran rescatarle como sea.

“Es un poeta que no pierde el frescor, es un clásico”, asegura Luis Muñoz

El Alberti popular también gusta. Autoras como María Eloy-García (Málaga, 1972) se sienten conmovidas por su poesía social. De hecho, es heredera evidente de Coplas de Juan Panadero (1949) o de El poeta en la calle (1966), como ella misma se atreve a avanzar. “En este país le han hecho más caso los cantautores que los propios poetas. A mí me gustaría escribir un poema social tan redondo como los suyos. Es emocionante lo que dice, cómo lo dice, cuándo lo dice… y como tiene ese tono irónico y social han preferido olvidarse de él. Es lo mismo de siempre: la parte más experimental es más reconocida porque se trata de poesía y hay que quedarse con lo más alto y lo más lírico”, aclara para reconocer que si se lleva algo de su poesía es el tono llano y sencillo.

Ese Alberti vestido de cotidiano y popular es por lo que empieza a recordarle Benjamín Prado (Madrid, 1961). La poesía urgente, la poesía para el pueblo, la que escribía para todos los lectores. “En mi opinión es uno de los grandes poetas de la historia de la literatura. Es posible que los más jóvenes vean en el Alberti surrealista al ejemplo vigente”, dice.

“Definitivamente, sí”, tajante Luis Muñoz (Granada, 1966), poeta y secretario de Alberti. “Es un poeta que no pierde el frescor, es un clásico. Yo creo que hay dos lecciones en la poesía de Alberti que muy bien pueden servirnos hoy: la pasión y la curiosidad sin límites por el tiempo que le tocó vivir, que es decir mucho en un siglo tan tremendo como el XX, que él vivió casi entero, y la idea de la poesía como un género abierto, repleto de posibilidades, sin miserias dogmáticas. La variedad de su poesía es un manifiesto”, y aclara que fue un gran poeta de la forma.

Cuestión de estética

La forma sobre la estética. La poesía por encima de la política. “Los que reivindican a Alberti no lo leen, tan sólo es para ellos el camarada Alberti”, explica molesto José Daniel García (Córdoba, 1979), para quien su parte experimental es la única parte de la obra del poeta en la que no sacrifica la estética del poema en beneficio del discurso. “Para mí está a la altura de Poeta en Nueva York de Lorca. Por ejemplo, Sobre los ángeles profundiza en la musicalidad de los sonidos, pero con imágenes profundamente experimentales. Revitaliza la vanguardia desde la tradición”.

“Su poesía surreal no puede envejecer porque no es de manual”, Gimferrer

Quizá por ese mismo motivo a Sofía Rhei (Madrid, 1978) le interesa tanto A la pintura, Poema del color y la línea (1968). A la poeta no le cuesta reconocer la principal valía de Alberti en “la capacidad de convocar imágenes complejas. Esa trabajada e inspirada cualidad pictórica, más que fotográfica. En ese libro se muestra como un artista potencial, suspendido entre el deslumbramiento y el deseo”.

Para Pablo García Casado (Córdoba, 1972) es Alberti un poeta que se ha leído bien, que no está ni denostado, ni rescatado por los jóvenes, “pero sí respetado”. A él también le interesa menos el Alberti de Marinero en tierra (1925). Justo lo que pensaba Pere Gimferrer (Barcelona, 1945), que a pesar de la poética de cada cual, los más jóvenes siguen acercándose al poeta gaditano a partir de la experimental. “Sí, es su poesía más duradera. No puede envejecer porque no es un surrealista de escuela y estricto manual”, apunta.

Público.es

http://www.publico.es/263613

COMENTARIO DEL EDITOR:

Poco puedo aportar a todo lo que se ha escrito del poeta gaditano, de su más que importante aportación a aquella generación del 27, y a su estética de la que formaron parte entre otros muchos: Pedro Salinas, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altoaguirre, Emilio Prados, Max Aub,  Fernando Villalón, León Felipe, Concha Méndez Cuesta, Edgar Neville, Miguel Mihura, Salvador Dalí, J. Luis Borges, Pablo Neruda, y otros tantos en un largo etcétera…, por no nombrarlos a todos. Pero también fue relevante, por su significado como uno de los intelectuales más comprometidos políticamente en la lucha por la libertad desde la dictadura de Primo de Rivera, durante la II República y por supuesto, durante la Guerra Civil española y desde  su exilio,  primero a Francia y posteriormente y por obra de Pétain, en Chile conjuntamente con su amigo Pablo Neruda. Entonces… ¿Qué puedo aportar yo, a todo lo conocido y escrito de este magnífico personaje de nuestra cultura e historia? Pues sólo una cosa…¿Porqué me gusta Alberti?

Alberti, me cautivó literariamente con su luz alba y azul, su gente del pueblo, su olor salobre, su paisaje marinero y encalado de “Marinero en tierra” -posiblemente la obra suya más estudiada y valorada-; pero eso, sólo fue una parte del embrujo. El resto lo había puesto antes de eso, su espíritu libertario, todas sus contradicciones y flaquezas  sustituidas por  su combatividad intelectual contra el fascismo, sus penurias y resurgimientos, como si del  ave Fénix se tratara,  en un continuo vuelo suicida y macabro  de exilio, que lo llevo a volar por todo el mundo hasta el final del  viaje, con el retorno a su “Tacita de Plata”. Me interesó más su vida en origen, que su obra. Para terminar finalmente hipnotizado y preso, por su diversidad poética, por su lenguaje popular y simple, por su complejo surrealismismo, por su pesimismo, politización y envenenados versos. Su obra, no es más que el reflejo del espejo de su alma en las distintas etapas y épocas vividas por el autor, y que son, fácilmente reconocibles al leer la misma conociendo sus periplos mundanales. El respeto por el  maestro de la pluma diversa y comprometida, es tanto,  por su coherencia como por su vida y obra. Y así lo demostró al rechazar en su día, por mantenerse fiel a sus principios republicanos, el  premio “Príncipe de Asturias”.

Tanta admiración al poeta, tanto respeto al hombre, que aún y  sin comulgar con su doctrina comunista –ya sabéis que soy un antidogmático- que no me importaría coger prestados y hacer míos eternamente unos versos suyos, en mi último acto final, aquél al cual sólo podré asistir ya como una  representación literal del ave Fénix, es decir, en mis cenizas…

Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera…

Por Jordi Carreño Crispín

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