Desde mi rincón de casa: NO CANSA LA POLÍTICA, ABURREN LOS PRESUNTOS POLÍTICOS…

padres-constitucion

Los padres de la Constitución de 1978: Tres de ellos pertenecían a la UCD (Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, y José Pedro Pérez Llorca). Alianza Popular participaría de la mano de Manuel Fraga Iribarne, mientras que el PSOE mandaría a Gregorio Peces-Barba, y el Partido Comunista de España a Jordi Solé Tura. Finalmente, Miguel Roca Junyent, perteneciente a Convergència i Unió, representaría a los nacionalistas catalanes.

“Dicen los viejos que este país necesita…, así empezaba una de las canciones míticas de la Transición democrática (Libertad sin ira).  La canción del grupo Jarcha fue un himno a la libertad,  a la esperanza de cambio de la dictadura a la democracia, a la ilusión de una generación de jóvenes politizados y esperanzados en cambiar las cosas, en la implicación de un pueblo que quiso recuperar el tiempo perdido por el oscurantismo de la época franquista. Era la época de abrir las ventanas y dejar salir el rancio pasado para que entraran los nuevos aires de libertad.

Muchos de aquellos jóvenes ahora son políticos en activo, o lo fueron durante los primeros veinte o veinticinco años de nuestra democracia. ¿Qué ha cambiado en la política de entonces con la actual? ¿Y en los políticos de entonces con los actuales?

Para entenderlo bastaría  con analizar los términos según la Real Academia de la Lengua Española. Si, no me he vuelto loco. Ahora lo entenderán, entre otras cosas, por que las dos acepciones significan los mismo con sus variantes de actividad, doctrina, modo y persona.

Política/o:

  1. 1. adj. Perteneciente o relativo a la doctrina política.
  2. 2. adj. Perteneciente o relativo a la actividad política.
  3. 3. adj. Cortés, urbano.
  4. 4. adj. Cortés con frialdad y reserva, cuando se esperaba afecto.
  5. 5. adj. Dicho de una persona: Que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado. U. t. c. s.
  6. 6. adj. Denota parentesco por afinidad. Padre político (suegro) Hermano político (cuñado) Hijo político (yerno) Hija política (nuera)
  7. 7. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
  8. 8. f. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
  9. 9. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.

10. f. Cortesía y buen modo de portarse.

11. f. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado.

12. f. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.

Y ahora…, visto lo visto, díganme ustedes si reconocen a la actividad política o aquellos que la ejercen actualmente entre estas definiciones. Yo al menos no soy capaz.

No hablo de estar de acuerdo tan siquiera, ni  de que las actuaciones de los políticos nos gusten más o menos a todos, tampoco de que sus señorías pasadas y las presentes tenían el mismo “leiv motiv” hablando en términos artísticos. Hablo de compromiso hacia una doctrina, actividad, gestión e intervención  pública; hablo del modo y forma de comportamiento de sus patéticas señorías y partidos; hablo del arte o traza para manejar los asuntos públicos; hablo de las orientaciones o directrices de nuestros electos hacia sus electores; hablo en definitiva, del interés por nosotros, del interés de ellos en transmitirnos lo que hacen, pueden hacer, o deberían hacer por nosotros; en el compromiso de trabajar (con el derecho a equivocarse) por el bien común.

Aquellos que ya me conocen saben que soy muy crítico con nuestro actual modelo de Estado, con la gestión de la Transición y los inicios de la Democracia. Que no comparto en lo  más mínimo como se gestionó la misma, que no estoy de acuerdo con muchos de los políticos de la época (sobre todo con los de la izquierda, que a mi modo de ver traicionaron sus principios primigenios – pero eso, es sólo una visión particular, ya que no estuve nunca en su situación y no tuve la oportunidad de participar como ellos la si tuvieron; y por lo tanto, no soy nadie para poder juzgarlos, aunque si puedo opinar-), pero ante todo quiero dejar constancia, de que esos políticos de inicio de nuestras libertades (y como he dicho, con los cuales no estoy de acuerdo), si merecen al menos mi más profundo respeto, entre otras tantas cosas, por una serie de hechos que considero de gran valía por su parte como: el que fueran capaces de obviar sus pretensiones y doctrinas (estuviera bien o mal) por un objetivo y bien común; fueron capaces de llegar a acuerdos importantes con todas sus diferencias, hablando y negociando (o sea, desde la palabra); tuvieron también la capacidad de cederse parcelas mutuamente sin recriminaciones; y además, lo hicieron desde la más completa  discreción e informando posteriormente a sus respectivos partidos y bases. En definitiva, llegaron a un consenso a través del “Quid pro quo…”, estuviera bien o no, dependiendo del punto de vista, y sólo por eso, ya se merecen un respeto.

Tuvieron además la capacidad de aglutinar en sus debates el interés de un pueblo sediento de oírlos discutir públicamente (no sabíamos que era tratar nuestros asuntos de Estado desde la tribuna pública). Además, lo hicieron con argumentos, objeciones y alguna que otra algarabía de aplausos y pitos según soplaba el viento, pero eso sí, siempre desde la palabra y el discurso de ponencia. El Parlamento era eso…, un parlamento de gentes intercambiando propuestas ideológicas por servicio al pueblo, recién despertado éste, del aletargamiento democrático impuesto por la dictadura franquista. ¡Hasta había intelectuales en la política activa! Casi llegan a parecerse a aquellos grandes oradores de antaño  en los que la retórica era algo intrínseco, un arte y casi una obligación para ejercer cualquier cargo público.

¿Qué ha cambiado con respecto a los últimos tiempos? Muy fácil, que nadie, o muy pocos, sean del color político que sean se ajustan a los términos, a las intenciones y a los modos y formas del pretérito inicio de nuestras libertades.

Han convertido el interés público y común, en interés del partido o propio; han prostituido la actividad y doctrina por beneficios pecunios y materiales, se han olvidado de los modos y las formas, no usan la palabra y mal utilizan hablando vulgarmente el lenguaje prostituyendo en una adaptación propia de significados al mismo,  de tal  modo que los hace inteligibles, no por la complejidad del mismo, si no todo lo contrario, porque no dicen nada, y por lo tanto,  las palabras pierden el valor en sus sucias y mentirosas bocas de sonrisas prefabricadas. (Parecen estar patrocinadas por alguna marca de dentrífico y colutorio bucal).

Han conseguido con sus actuaciones arbitrarias, interesadas,  paupérrimas de conocimientos culturales, históricos, legales y económicos, crear leyes a diestro y siniestro sin sentido, sin criterios, sin medios y órganos de control para sus aplicaciones;  han creado un Estado de ambigüedades y contradicciones (cuando tenemos uno de los estados más ricos cultural e históricamente del viejo continente); han generado el desinterés y la cultura del “pasotismo político” en las nuevas generaciones; han destruido la imagen del político culto y servicial,  por la del político de rapiña y servil; han agotado el crédito de pueblo por excesos de abusos al mismo; y sobre todo, han dejado la impronta más que clara de que el sinónimo de político es igual a corrupto. En definitiva, se han cargado la noble causa de trabajar por los demás, de trabajar por el bien común, de trabajar al servicio público de todos; por la de trabajar para y por el partido únicamente; para y por el beneficio mutuo;  para y por ellos.

Porque está más que claro que se han olvidado (menos cada cuatro años), de que el pueblo que les vota es el que tiene la palabra, se han olvidado de bajar a la calle y escuchar a la gente, han creado un mundo ficticio a su imagen y semejanza como si de Dioses se trataran, han logrado en veinte o veinticinco años matar públicamente la política; y sobre todo está más que claro…, que piensan que nosotros trabajamos para ellos y no a la inversa.

Sólo nos queda por ver…, al tal Cantizano o similar de Presidente de la Cámara, a los Mariñas, Karmeles y demás bazofia carroñera de parlamentarios; o si lo prefieren, cerramos el Parlamento y el Senado y dejamos  a nuestros actuales políticos debatiendo en el coso de la televisión como antiguos gladiadores en las Salsas rosas y de tomate, gritándo e insultándose (eso sí cobrando, no vayan a ser menos que los otros), pegándose incluso, poniéndose los cuernos unos a otros, viendo lo que nos roban y dejan de robar; mientras tanto,  el pueblo les grita enfervorizado y solicita  al César de turno que levante o baje el dedo pulgar para echar a los leones al más malo de todos.

No cansa la política, aburren nuestros presuntos políticos que en sus endogámicas vidas, se intentan auto convencer de que trabajan por y para nosotros, cuando en realidad somos nosotros, los ciudadanos de a pie, los que hacemos sus míseros trabajos,  en organizaciones no gubernamentales, asociaciones y grupos sociales, culturales y demás en nuestro tiempo libre, y en la mayoría de casos con nuestros propios recursos.

Mientras ellos trabajan (es un eufemismo en éste caso) cortando cintas, dando conferencias, mítines, visitando empresas, mercados, colegios, asistiendo a funerales, actos y homenajes varios, entrevistas en radio, prensa,  televisión; y por supuesto, viajando, asistiendo a cacerías, pescadas, estaciones de esquí, etcétera; eso sí, sin asistir a las aburridas sesiones parlamentarias que ellos mismos mataron con su incompetencia. Pero sin olvidarse de cobrar todos sus emolumentos y dietas. Lo dicho, no aburre la política, aburren ellos.

Jordi Carreño Crispín

Crítico y escéptico por afición.

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