La ignorancia como valor…

Abril 26, 2010

María Dolores de Cospedal no es una ciudadana cualquiera. Como secretaria general del Partido Popular –una organización con 700.000 afiliados, unos 10 millones de votantes y serias posibilidades de gobernar España– sus declaraciones tienen el valor añadido de la representatividad y, por tanto, merecen tomarse con especial atención. El lunes pasado, De Cospedal dijo lo siguiente en una entrevista en la Ser, en referencia al juez Garzón y sus investigaciones frustradas de los crímenes del franquismo. La cita es textual: “Si hoy hiciera una encuesta, el 80% de los españoles no ha oído hablar de lo que fue Franco o de la Guerra Civil, afortunadamente”.

De todos es sabido que el PP hunde sus raíces en el franquismo. Su presidente fundador, para no ir más lejos, fue ministro de Información y Turismo con Franco. Ese atavismo histórico aflora de tanto en tanto en declaraciones de dirigentes conservadores que evocan los “tiempos de placidez” o los “logros sociales” del franquismo. Dicho nexo con el pasado ha impedido que el partido dé el paso democrático de condenar formalmente la dictadura.

De Cospedal parece persona de talante moderado y no ha hecho en este caso apología alguna de Franco; pero no por ello sus palabras resultan menos inquietantes. Que la número dos del PP considere “afortunado” un apagón educativo sobre 40 años de la historia reciente de España no se compadece con lo que debe ser una democracia abierta, madura y libre. Pero lo más grave es que, aunque quizá exagere en su cálculo, De Cospedal tiene –desgraciadamente– razón: muchos jóvenes españoles apenas han oído hablar de Franco y la dictadura, porque en las escuelas esta terrible etapa de la historia se pasa de puntillas y, por lo habitual, con una equidistancia disfrazada de rigor que impide a los alumnos distinguir con nitidez quiénes destruyeron y quiénes defendieron las instituciones democráticas.

En un momento en que se ha abierto el debate de si existe o no legitimidad para juzgar las atrocidades de la dictadura, y en que 113.000 cuerpos aún yacen en fosas comunes y cunetas, el supuestamente nuevo PP que encarna De Cospedal debería, como mínimo, colaborar para que mejore la calidad de la asignatura de Historia. Y no defender la ignorancia como un valor.

Público.es

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Por Marco Schwartz

Mª Dolores de Cospedal: Imagen blog de juventudes socialistas de Argamasilla de Calatrava

PARA ABRIR ALGO PRIMERO DEBE ESTAR CERRADO Y PARA REABRIRLO DEBE HABER SIDO CERRADO POSTERIORMENTE…

No hay más tonto que aquél que no quiere aprender porque no desea saber, o mejor dicho, no hay más ciego que aquél que no quiere ver. Ya he escrito alguna otra vez, que el buen uso de nuestra idioma es primordial para el entendimiento. Entre otras cosas, porque si hablamos de modo apropiado no sólo estamos dejando denotar ante los demás y de forma inequívoca nuestro nivel cultural, sino que además, el receptor al que nos dirigimos y emitimos el mensaje es más fácil que nos entienda. Lo cual, nos lleva a la posibilidad de empatizar mejor, o como mínimo, a comprender mejor las posturas de nuestros adversarios. Con ello no quiero decir que por el mero hecho de hablar correctamente sea más fácil coincidir y llegar a acuerdos, pero sí probablemente, estaremos más cerca de conseguir consensos, además de cumplir con uno de los mayores preceptos de la democracia, expresarse libremente, dialogando  y debatiendo posturas enfrentadas.

Toda esta parrafada introductiva viene a colación de las declaraciones efectuadas por la Sra. Mª Dolores de Cospedal, en relación a las críticas emitidas sobre el ejecutivo actual, acusándole de REABRIR las heridas del pasado. Como bien indica el título de este artículo, para abrir algo primero debe estar cerrado, y para poder reabrirlo,  previamente debe haber sido cerrado. Ya sé que parece una perogrullada, pero el significado está más que claro según nuestra Real Academia. REABRIR: Volver a abrir lo que estaba cerrado. Ejemplo: Se reabrió su herida.

Pues nada señora Cospedal, ahora que tenemos claro cual es el significado de la palabra reabrir, espero que utilice dicha acepción con la corrección que se merece, es decir, que para que la misma tenga significado en la sintaxis de su más que deplorable oratoria, la misma debería designar que las heridas de la Guerra Civil a las que usted hace referencia estaban cerradas, lo cual no es cierto, al menos para una gran parte de los ciudadanos de este país como se demostró el pasado sábado en una clamorosa expresión popular (base de lo que se denomina Democracia o según la R. A. E. también: Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno). Que ustedes las den por cerradas es casi lógico,  porque tienen a los suyos identificados, enterrados, reconocidos, recompensados y hasta santificados, pero le recuerdo que nosotros, y me refiero a los vencidos dos veces, la primera en la Guerra Civil y posterior represión, y la segunda durante la Transición democrática y con el olvido de la Democracia, no las cerramos nunca y para nosotros siguen tan abiertas como aquél 18 de julio de 1936.

Que el silencio provocado por el miedo y los traumas de  nuestros mayores, no fue un callar y otorgar, y que aquí no ha pasado nada. Porque desde entonces, en muchas casas de este país el dolor ha vivido permanentemente con el recuerdo de los seres queridos, con la impotencia de haberlos perdido y sobre todo, por no haber podido recuperarlos, por la triste sensación de no haber hecho todo lo que se debía o podía, para que el tiempo NO los olvidara y borrara permanente  su presencia en la Tierra. Viendo a nuestros padres, tíos, abuelos o bisabuelos con sus decrépitos cuerpos y ojos enrojecidos contarnos las historias de aquellos que ya no están, que no estuvieron nunca para muchos de nosotros, pero que sus recuerdos viven todavía escenificados iconográficamente en las fotografías de color sepia que nos miran continuamente solicitándonos la vuelta a casa y con la memoria de las historias contadas hasta hace poco, por que el temor y el dolor no dejaban contarlas en tiempos pretéritos.

Por eso señora Cospedal, no hay heridas que reabrir, porque éstas nunca fueron cerradas. El sábado salimos los hijos vivos, hermanos, nietos, bisnietos,  sobrinos, primos, amigos y gente decente que sí está por cerrar las heridas, sí está por la reconciliación, sí está por la libertad y la democracia entendida desde la pluralidad y el entendimiento, y no desde la una única postura de “conmigo o contra mí” como ustedes predican. Pero para ello, primero debemos estar en igualdad de condiciones para con los nuestros, y para ello, se debe completar la historia oculta desde el alzamiento, y se tiene que hacer justicia por tal hecho, a posteriori, se podrá empezar a analizar las actuaciones de unos y de otros y actuar en consecuencia, con valentía a la verdad,  con honorabilidad y las ganas verdaderas de “pasar página”, con la finalidad del reconocimiento mutuo, del posible entendimiento entre las futuras generaciones, que además serán las que tienen encomendada la labor de pasar la página definitiva de la historia, para que puedan  afrontar un futuro mejor y en armonía, con las heridas cerradas por el entendimiento y no por un decreto ley.

Así que no nos ofenda más con sus demagógicas palabras de libertad, democracia, antidemócratas, justicia, historia y reabrir. No hay nada que reabrir, sólo hay que cerrar.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

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