LOS TOROS POR MONTERA: “Fundamentalismo taurófilo y taurófobo”

Ya apunté,  o mejor, casi amenacé con  la posibilidad de que algún día daría mi opinión sobre tan polémico, actual  y discutido debate de “la fiesta nacional”. Toros sí o toros no. Y con ello,  no es que vaya a aportar algo nuevo a  todo lo hablado y escrito sobre la misma fiesta, sino que únicamente quiero dejar mi impronta en tan manido tema de actualidad. Ante todo y sobre todo, hacer inciso en algo que me preocupa más que los propios toros; y que es,  el fundamentalismo que enfrenta a taurófilos y taurófobos. Y que éste mismo enfrentamiento sea actualmente un tema de agenda política y cuestión de Estado.

De entrada tengo que dejar claro que no soy aficionado a la mal llamada “fiesta nacional” (ni que fuese la fiesta representativa de todos los españoles), que no la entiendo, que no me gusta y que por ende, la única vez que he asistido, abandoné la plaza antes de ver  finalizar el cartel de gladiadores ventajistas vestidos de luces, de extranjeros tan horrorizados o enfervorizados como algunos plácidos nativos sedientos de sangre. Es decir,  no soy partidario,  y por tanto no he vuelto a asistir. Otra cosa diferente es que mi postura antitaurina revierta y se alinee en la dogmática posición  generalista  de que aquél a quien le gustan los toros es un retrógrado y un fascista, más que menos. Así  expondré ahora los motivos de porqué daría mi apoyo actualmente a la mal llamada fiesta nacional, ya que a mí insisto, al menos no me representa.

No voy a entrar en las disquisiciones y comparaciones  típicas de que si los toros de lidia esto, que si los animales que mueren en los mataderos lo otro. Que si es una tradición popular y un acto de nuestra  cultura ancestral, o que, si es la sublimación de la irracionalidad del hombre sobre las otras especies, y el regocijo ocioso y arcaico de una especie sanguinaria, etc., etc. Para mí, el debate se reduce a algo más simple, es decir, a lo mismo de siempre, la libertad  y el derecho a poder elegir, el respeto de las decisiones gusten o no de la mayoría, y sobre todo,  como catalán que soy de nacimiento, al buen “seny” que se dice en mi tierra, es decir, a la racionalidad y el civismo. Cosa que me da la impresión que no ha prevalecido en este caso.

Con ello quiero decir, que nunca una minoría debería imponer su criterio sobre una mayoría, que cuando un tema como éste,  se convierte en tema de Estado, éste, lo mínimo que se debería hacer es debatirlo en todos los frentes y dejar que sea el pueblo el que decida. Entre otras cosas,  porque esta es una de las máximas premisas de la libertad y del derecho ciudadano. Es más, en un utópico caso de civilización avanzada y racional, hasta se podría consensuar un tipo de fiesta que aportase toda la tradición y la racionalidad no brutal y sanguínea de la misma, cambiando algo las formas y los métodos de la lidia. Todo avanza y evoluciona y la tauromaquia no debería ser menos.

Cuando digo que me preocupa el fundamentalismo de unos y otros, es cierto. Primero, el de los defensores de una tradición arcaica que mantienen el formato de la igualdad de la lucha entre el animal y el hombre. Esto sería cierto si picháramos al torero al salir a la plaza y dejáramos que sangrara perdiendo su fuerza minuto a minuto, cosa que no ocurre, como es lógico por otra parte. Además de su argumentación de la vida de realeza toril,  que lleva una de estas reses de lidia hasta el día de ir a su cadalso. Viven como reyes  para morir torturados públicamente. La otra, la de esos civilizados energúmenos que defienden a ultranza los derechos del toro incluso violentamente, casi siempre verbal, pero incluso, alguna vez hasta físicamente. Les recordaría que si defendieran con tanto ahínco y progresismo la cantidad de muertes y represaliados mundial e  injustamente por el hambre, la miseria, enfermedades, desigualdades, las guerras y represiones políticas, etc., etc. Quizás otro gallo nos cantaría.

La base del progresismo, del raciocinio, del civismo y de las libertades  está en el respeto a los demás, en el derecho a elegir y en acatar las decisiones mayoritarias. Cuando no es así, el debate ya no son los toros, el debate es qué estamos haciendo con nuestras libertades y el Estado de Derecho.

Lo dicho, no hay nada peor que radicalizar los criterios y puntos de vista,  sin ver que siempre hay la posibilidad de encontrar un punto d equilibrio entre dos visiones diferentes. Yo lo he apuntado, no estoy a favor, soy republicano, progresista, demócrata, pero al día de hoy y mal que les pese a algunos, hoy le daría mi voto a favor a  la fiesta nacional a cambio de recuperar el derecho y las libertades de la mayoría.

Jordi Carreño Crispín


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