CUESTIÓN DE FE… SR. ROUCO, O CUESTIÓN DE DERECHO…

 

Caricatura de Monseñor Rouco y el periodista Jiménez Losantos ex-vocero de la emisora episcopal (quimsosa.com)

¿Cuándo el debate entre laicismo y religión pasan a ser de interés? Precisamente cuando algún purpurado o acólito abren la boca. Y que conste que están en su derecho de hacerlo y de ser respetados por ello, otra cosa es, una vez analizado lo dicho por semejantes lumbreras santeras y divinas, que  lo que dicen o nos quieren transmitir,  o mejor dicho, lo que nos quieran imponer en nombre de sus representados dioses y divinidades, es o sea la única, exclusiva  y absoluta verdad. Y digo esto, visto durante nuestra extensa o no historia (me refiero a la de los homínidos, que el tiempo es algo muy relativo y más comparado con el período de creación de la Tierra), los diferentes intentos y evidencias de catequizarnos, por parte de las distintas religiones, sobre todo las monoteístas – y me refiero ahora a las distintas sociedades y culturas -, tal y como demuestra el famoso dicho pintado por Goya allá por el 1780 de…”las letras con sangre entran”; y su fundamentalismo exacerbante que no respeta más opción que la suya, y que por tanto, ilegitiman cualquier argumento racional y libre en sociedades modernas (tengo mis dudas en lo de avanzadas – a excepción de lo tecnológico).

Cuando el hombre se convierte en el  representante terrenal de las distintas deidades o divinidades celestiales, es cuando todo se desvirtúa, supongo que por aquello de que…”por el interés te quiero Andrés”. Nunca tanta gente murió como en nombre de las bendiciones divinas.

Respetando la libre elección de dogmas a seguir, ya sean estos religiosos, políticos, sociales o individuales (conste que estos últimos son la mayoría, porque no hay ser humano que no adopte los ajenos a los propios), está claro que el debate es de por sí sustanciosamente interesante desde el punto de vista teológico, filosófico, histórico, mitológico, sociológico, antropológico y de zoológico (porque no me negarán que hay especies humanas que son dignas de verlas entre rejas y pagando por ello) y etcétera, etcétera.

La fe es algo que se tiene sin más, sin pruebas, más que con convicciones, propias o inducidas por las religiones. No voy a analizar a éstas, como sistemas de integración y ordenación social (que su papel importante o fundamental han jugado – y es que el miedo y la superstición son grandes aliados para la doma humana), o como respuesta a las grandes dudas o imponderables existenciales de los individuos y sus sociedades. La libertad está precisamente en elegir las opciones que cada uno considere válidas o mejores para él, eso sí, respetando siempre las de los demás. En este caso si son religiosas serán de fe, en el resto serán por conocimiento y ciencia, o por legislación y derecho, y por tanto obligatorias (luego se puede discutir si moral y éticamente convenientes, pero eso es otro cantar). Pero sobre todo ajustándolas a derecho y no a fe, que por algo somos Estado de Derecho y no Estado Religioso.

Bueno, pues nuestro Torquemada particular, es decir, el venerable Monseñor Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de la archidiócesis de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española y hombre supuesta y teóricamente culto (pienso que cultura, racionalidad; y por ende, buen entendimiento y solidaridad, la deberían proporcionar talantes consensuadores  y dialogantes, abiertos de miras y con carácter mental democrático, dados por la formación y la sapiencia), licenciado en teología y derecho por la Universidad de Múnich (München para mis amigos teutones), tiene la innata habilidad de que cada vez que abre la boca sube el precio del pan, con esto quiero decir que, cada vez que el buen hombre diserta, se manifiesta o contesta alguna pregunta, el medidor del fundamentalismo cristiano alcanza máximos de cotización en bolsa.  Y si no, para muestra un botón: “España es hoy tierra de infieles”, “…la problemática del matrimonio y de la familia han sido la antesala de la crisis”, “…el aborto como la eutanasia son manifestaciones de una crisis mucho más honda en sus causas que las que se detectan en los campos de la técnica y de la acción económica, social y política”, “…la Iglesia se siente agredida por los ataques del gobierno socialista, con su empeño en aplicar leyes progresistas, como el aborto, los matrimonios homosexuales e incluso la eutanasia.”, etc. Estas son algunas de las joyas que este paladín de la lucha por una sociedad libre, justa y solidaria se permite decir en un estado aconfesional que subvenciona con fondos públicos sus púlpitos, mitos y ritos marginando a otras religiones. Y es que la Iglesia sigue haciendo bueno aquello de…”Haced lo que yo diga y no lo que yo haga”. Vade retro…

Siendo hombre de fe, representante de la Iglesia, y por tanto,  de las enseñanzas de Jesucristo, no parece aplicar muy bien sus bases de “la palabra” como pilar de la pedagogía inculcada por el maestro mesiánico. Y es que al final es más fácil reconocer al diablo por lo que dice que por lo que hace. Sr. Rouco está usted viviendo en un país democrático (otro tema punzante para debatir, el de nuestra democracia), cuyo estado se declara constitucionalmente  desde 1978 Estado Aconfesional, y usted como ciudadano de este Estado debe cumplir con todos los artículos del mismo, y eso no es cuestión de fe, es de derecho y obligación. Así que opine Sr. Rouco, pero no llame a la no obediencia civil y, sobre todo respete el sentir mayoritario y aprobado por nuestra Carta Magna (de la que también podemos hablar).

Jordi Carreño Crispín.

06/01/2011

 

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