POLITIZAR LA MEMORIA…

marzo 13, 2011

Reivindicación de la exhumación de los cuerpos republicanos del Valle de los Caidos en la persona de Valerico Canales. (Foto de archivo propiedad de La Memoria Viv@)

La memoria es según la R.A.E: 1. f. Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado.2. f. En la filosofía escolástica, una de las potencias del alma.3. f. Recuerdo que se hace o aviso que se da de algo pasado.4. f. Exposición de hechos, datos o motivos referentes a determinado asunto.5. f. Estudio, o disertación escrita, sobre alguna materia. 6. f. Monumento para recuerdo o gloria de algo. 8. f. Obra pía o aniversario que instituye o funda alguien y en que se conserva su memoria. 9. f. pl. Libro o relación escrita en que el autor narra su propia vida o acontecimientos de ella. 11. f. pl. Relación de algunos acaecimientos particulares, que se escriben para ilustrar la historia. 12. f. pl. Libro, cuaderno o papel en que se apunta algo para tenerlo presente.

Sin embargo la memoria en este país y  para mí sobre todo está intrínsecamente ligada al olvido, a la desmemoria forzada, a la ocultación cómplice, al miedo, al borrón y cuenta nueva y sobre todo  a la vergüenza e hipocresía política.

La memoria como parte ineludible de nuestra historia  es algo que deberíamos investigar, preservar y difundir como el modo de cerrar las heridas pretéritas y todavía abiertas. La memoria es una labor que no se puede dejar únicamente en manos de los vencidos y de  sus familiares, sobre todo como un medio para dilatar el paso del tiempo que lo borra todo. La memoria no es una herramienta de venganza contra hechos y actuaciones acontecidos en el pasado reciente, es únicamente el ejercicio de dignificación y civismo de una sociedad libre y avanzada que basa sus propios cimientos en el derecho y la justicia. La memoria es una obligación que debería haber asumido ya hace tiempo el propio Estado, es decir,  desde la instauración monárquica en la Transición y la posterior democracia. La memoria no es sólo una parte de nuestra propia historia, es la historia de todas las partes. La memoria no es arma política, un medio de conseguir y arrastrar votos en épocas electorales para que una vez pasado el período electoral se vuelvan a enterrar de nuevo las vergüenzas y el oprobio de una España desmemoriada y ladina. La memoria es buscar el futuro aprendiendo del pasado, es la mano de la reconciliación basada en el conocimiento, la razón y la justicia para llegar al perdón que nunca al olvido.

Por eso y en tiempos tan convulsos políticamente y próximos a las elecciones me hacen gracia todos aquellos partidos políticos, sindicatos y organizaciones que pretenden abanderar el memorialismo histórico, cuando lo han obviado hasta la fecha entre sus objetivos y quehaceres representativos del pueblo. Sólo se acuerdan de nuestros familiares y de nosotros cuando valemos un voto.

Las víctimas de la represión franquista en todas sus formas y modalidades, sus familiares y amigos y,  todos aquellos que luchamos a diario por recuperar, dignificar y hacer justicia para  los vencidos y represaliados, nos sentimos agraviados y agredidos cuando a costa de nuestros seres queridos y olvidados, de nuestros esfuerzos y luchas, se llenan sus falaces bocas todos aquellos que con más o menos buenas intenciones nos llevan prometiendo el maná de la memoria, sus ayudas y compromisos en la “Recupereración de la Memoria Histórica de la Guerra Civil y la Represión franquista de la posguerra”, para posteriormente volvernos a abandonar en el desierto de las búsquedas estériles, de los cuerpos ocultos bajo tierra, de los desaparecidos y secuestrados, de los exiliados y encarcelados, de todos los perseguidos y vilipendiados, del tratamiento en los silenciados y maltratados archivos documentales y del más absoluto desamparo premeditado jurídico y gubernamental. Eso es la memoria en la España del siglo XXI que quiere abanderar los derechos internacionales de otras causas contra crímenes de lesa humanidad.

Bastante complicado es trabajar sin medios, ayudas, contra un sistema estatal y jurídico impuesto para el silencio y el olvido, e incluso contra nuestras propias luchas internas y disensiones memorialistas para que encima nos vengan a politizar la memoria sin más interés que el propio dogmático del partidismo que representan. Déjennos en paz trabajar por y para los nuestros,  si es que no han de hacer algo útil, y al menos,  no volverán  a ensuciar y mancillar a nuestros muertos, desaparecidos y represaliados con banderas y consignas que nunca aportaron nada y que hasta la fecha sólo han sido el símbolo de la mentira y el olvido. Politizar la memoria es politizar a las víctimas y eso no se puede ni debe permitir.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

 

 

 

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