¡QUÉ SE CALLE LA CALLE!

Y que cuando mi sesudo amigo Paco se pone a reflexionar salen de su privilegiada materia gris verdades y bocanadas de pensamientos críticos, reaccionarios, honestos como pocos. Y es que este incansable luchador activista de la verdad, de la utopía y de un mundo mejor y honesto no se da por vencido nunca, aún con sus lógicos momentos de cansado desánimo ante la realidad de un mundo injusto, mezquino y prostituido por un capitalismo aberrante que nos devora las mas básicas e intrínsecas aptitudes humanas convirtiéndonodos en auténticos depredadores de nuestro propio entorno y naturaleza en una lucha maratoniana y cansina de despropósitos provocados por el hambre del capital y la servil pleitesía de política. Ahora como antaño sucedió, nuevas generaciones de guerreros sin armas y disconformes con el mundo que les han legado, se han lanzado a una lucha que ya no será estéril porque han conseguido captar y expandir un sentimiento de “DISCONFORMIDAD” tan reaccionario como aquél de mayo del sesenta y ocho, pero que juega con las bazas de las nuevas tecnologías, la razón del que se rebela pacíficamente y el derecho a oponerse a aquello que consideran ilegítimo, injusto y sobre todo inmoral.

Se podrá criticar su desorganización (que no lo es, ya que fue originariamente un movimiento improvisado que ha alcanzado dimensiones inesperadas, y por tanto, todo un éxito), su rebeldía (siempre fue ésta la conciencia de la sinrazón) y su utópica lucha (que mantiene siempre viva la esperanza); pero lo que indudablemente no podrán hacer es desprestigiar con la demagogia de los voceros encorbatados y grandes salones, el que unos “maravillosos indignados” hayan puesto en brete a toda la clase política mundial y que como bien apunta Paco, han conseguido despertar conciencias y abrir la ventana de un mundo viciado y lleno de miasmas ladinas con aires de libertad y democracia bien entendida en el derecho de hablar, como de hablar el pueblo, en la calle, y sin más lecturas que su viva voz. Nunca fue tan digno estar indignado. Así que desde mi humilde aportación solo puedo decir…, ¡Qué no se calle la calle!

Jordi Carreño

¡QUE  SE  CALLE  LA  CALLE! por Paco Tena

Este título no es mera retórica; es lo que el subconsciente de la majeta que tiene su despacho en lo que fue la Dirección de Seguridad de Franco, en la Puerta del Sol de Madrid, traicionó subliminalmente al pronunciar ese exhabrupto de “que vayan a acampar delante de la Moncloa!” . Pues no, señora marquesa consorte, por mucho que se empeñe en acallar la calle, este ruido ensordecedor del silencio de los indignados que acampan delante de su bonito despacho okupado, no desaparecerá cuando levanten sus precarias tiendas de campaña. Simplemente cambiará el panorama que a tantos nos ha devuelto una vivificante bocanada de aire fresco renovado. Sin solución de contuidad seremos probablemente millones de cabreados con el encubierto programa de su partido los que nos sumaremos a esa turbulencia que ha sacudido las empolvadas alfombras de la política al uso. La nube de miasmas que esta revolución de indignación ha levantado será muy difícil que pueda hacerla invisible su voz engolada de falsa chulapona.

Durante toda la campaña electoral -cansina y sin una sola propuesta ni programa de alternacia real, acumulando falsedades para distraer al personal- hemos tenido que soportar su mirada bizqueante de vieja cobra maligna que, convientemente retocada con el socorrido “fotoshop”, nos ha amenazada mil veces repetida desde todo poste o farola disponib le. Una masa aborregada y obediente a las consignas de los medios de intoxicación ha funcionado, como un ejército embrutecido, a la orden de una marca comercial (que es en lo que se ha convertido el PP) para forzar un cambio hacia la nada. Porque, no nos equivoquemos en juicios más o menos sesudos o pseudo politológicos: la masa descerebrada e inane no ha perseguido ningún objetivo regeneracionista. Un simple vistazo a lo que ha salido de las urnas (“sandokanes” cordobeses, “gürtelos” valencianos y diversos “vendedores de corbatas de humo” con falsas utopías independentistas) nos coloca en un desierto casi insoportable, más cercano a un entorno berlusconiano que al escondido –y probablemente inexistente- paraíso liberaloide, plagado de desesperanzas, retornadas de la UE o falsas denunciantes, todas con una falsa sonrisa de reminiscencias reptiles.

Parece que sólo nos queda el frágil consuelo del sonido de la calle de los indignados. Por eso resulta tan ofensivo el mensaje subliminal que emana desde los despachos: “¡que se calle la calle!”. Será cada día más difícil de imponer esa sordina a un estruendo de silenciosas manos levantadas contra la corrupción político-financiera, que avanzará imparable por las anchas avenidas informáticas, con voces renovadas a cada instante. Para desesperación de los que se alegran de forma imbécil por un triunfo que sólo anuncia tiempos de privatizaciones, corrupciones en cadena y la fácil excusa de la prescripción de delitos contra la ciudadanía, que invalidan a perpetuidad a sus implicados. ¡Larga vida al M-15-M!   

Francisco González de Tena.   

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