La historia los juzgará que no las leyes…

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Fue su carácter megalómano y afán de protagonismo internacional los que llevaron a José María Aznar a desoír a todo un país, a sus propios votantes, a la comunidad internacional y sobre todo a las declaraciones de ilegalidad según las resoluciones de la ONU: 1472, 1483, 1490, 1500 y 1511; todo por salir en la foto de las Azores como uno de los grandes aliados de EE.UU junto al delfín imperialista americano, el gobierno inglés.

G.W. Bush, Toni Blair y José María Aznar vendieron al mundo un terror inexistente como coartada a los intereses petrolíferos americanos en Irak y decidieron saltarse todos los acuerdos internacionales habidos y por haber bajo la sombra del terrorismo islámico y la más que demostrada inexistencia de la amenaza nuclear.

Por supuesto que de aquellos barros salieron estos lodos, me refiero a las consecuencias de ese alineamiento a ultranza que nos trajo como resultado un cambio en la mentalidad y en la seguridad internacional que provocaron una más que clara pérdida de libertades individuales por unas políticas de control y de paranoia colectiva, que además incitaron represalias  contra el mundo occidental por parte de los grupos más radicales y fundamentalistas islámicos como Al Qaeda,  y que derivaron en atentados como los de Madrid (11-M) y Londres (7 – Jul.) entre otros. Además de las vidas cercenadas y el elevado coste económico que provocó el  conflicto inventado por los servicios de espionaje americanos bajo la más que presunta tutela del Vicepresidente Dick Cheney y todo su equipo, con el fin de facilitar los turbios intereses de la fuerte industria armamentística americana y los indudables intereses petrolíferos de los que él tenía parte y obra personalmente, quedando claro al día de hoy que esas fueron las verdaderas razones y motivaciones: las económicas y los intereses personales de los afectados y de los lobbys a los que representan y que han financiado parte de sus carreras.

Todos ellos son condicionantes en parte de la actual situación económica mundial, del cambio de las libertades, de los cambios de los flujos migratorios y de tráfico internacional de personas; pero sobre todo, de todas las vidas perdidas por el poder del dinero, porque al fin y al cabo, ésa, era la única y verdadera razón.

Hoy en día hay casos más aberrantes y reales de riesgo nuclear. Tan evidentes como las pruebas y provocaciones de Corea del Norte, irrefutables y efectuadas por Pyongyang ante el mutismo del paladín de la democracia americano y el resto de la comunidad internacional. O las de Irán y Ahmadineyad en una loca carrera por posicionarse como uno de los  países avanzados con tecnología nuclear, o las ya reconocidas potencias como Pakistán o India. No digo con esto y menos propongo una intervención contra Corea del Norte, Irán o cualquier otro país con ansías de grandeza por fuerza…¡Dios me libre…! De inducir a provocar a ése dictador y demente mandatario, a su homónimo iraní, o cualquier  otro dirigente con ganas de salir en los libros de historia al precio que sea; pero no veo una acción y repercusión internacional, tan siquiera diplomática, contra unas verdaderas amenazas como estas y la desmesurada intervención en Irak.

Lo peor de todo es que los precursores de tal desgracia, aquellos que bajo una mentira, con la falacia y el eufemismo de protegernos han enviado a miles de personas a la muerte, han generado el miedo y psicosis internacional contra el mundo islámico y el de éste contra el mundo occidental, unas veces por acción y otras por omisión y repercusión de sus actos; y ahora se pasean cobrando ingentes cantidades de dinero por dar charlas, conferencias o escriben libros para iluminarnos a todos con sus conocimientos de lo que está bien o no, y del derecho y legalidad internacionales; eso sí, reconociendo que se equivocaron y que no habían ni armas, ni riesgo de amenaza nuclear,  ni nada de nada, quedando impunes de sus actos (mejor dicho malos actos), y que no son baladís: muertes y vidas rotas innecesarias, pérdidas económicas para los países afectados y sus gentes, y que por ende forman parte del efecto dominó en la economía mundial, todo para poder prevaricar y cometer cohecho por intereses más que deleznables, mentirnos deliberadamente y saltarse todas las resoluciones ONU y acuerdos internacionales de paz, todo ello sin que hayan pagado por sus culpas y actos. Ahora andan campando a sus anchas por el mundo como si nada, ya que ellos sólo fueron actores secundarios de un circo de engaños y no sienten ni tienen remordimientos por todos los muertos venidos y venideros que llevarán ya a sus espaladas. Estos genocidas modernos quedarán impunes mientras señalan con el dedo y acusan a otros posibles sátrapas, caudillos y dirigentes del mal de todo aquello que acontezca a partir de su decisión de iniciar una guerra entre dos mundos como quienes juegan al “Scattergories”.

Ellos duermen el sueño de los justos mientras otros no pueden dormir o tienen pesadillas, y es que para ser persona que no humano hay que tener conciencia, y eso es algo de lo que adolecen normalmente los grandes salvapatrias. La historia los juzgará que no las leyes.

Jordi Carreño Crispín

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