A José Luis Sampedro…”Creo que los sabios también van al cielo”

CREDO PERSONAL: (Autor: José Luis Sampedro)

Creo en la Vida, Madre Omnipotente,
creadora de los cielos y de la tierra.
Creo en el Hombre, su hijo,
concebido en creciente evolución,
progresando a pesar de los Pilatos

que inventaron sus dogmas reaccionarios
para aplastar la Vida y sepultarla.
Pero la Vida siempre resucita
y el Hombre sigue en marcha hacia el futuro.
Creo en los horizontes del Espíritu
y en la energía cósmica del mundo,
Creo en la Humanidad siempre adelante,
creo en la Vida perdurable.

Amén.

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Nada de lo que yo pueda escribir sobre el profesor tendrá valor sobre lo que ya se ha escrito de él, ningún adjetivo que yo pueda utilizar para calificarle será nuevo y le hará justicia pues todos han sido ya utilizados. Nada de lo que yo pueda contar aquí tendrá transcendencia, pero aún así no puedo evitar dedicarle mi pequeño homenaje y hacer pública mi admiración para una de las mejores mentes de este país, uno de los hombres más honorables y humildes que ha dado nuestra despellejada piel de toro.

La clarividencia de aquél que sabe que las cosas cuanto más simples son, más nos empeñamos en complicarlas, el saber del que tiene la formación y sobre todo el conocimiento que da la curiosidad de ser un hambriento de conocimiento, pero sobre todo, la sapiencia de la experiencia y de lo vivido como complemento del aprendizaje teórico.

Tuve la oportunidad de cartearme varias veces con el profesor por temas memorialistas, de hecho, lo invité a los actos del “Roble de la Memoria” en Casavieja (Ávila), al que ya no pudo asistir por su delicado estado de salud, pero tuvo la deferencia de enviarnos un escrito a través de su secretaria para los mismos, lo cual siempre le agradeceré, tanto por su atención como por sus amables palabras.

La conclusión es que un hombre es grande por sus hechos, no por lo que dice, que en este caso también, lo que dijo el profesor fue la praxis de lo que hizo siempre, ser honesto consigo mismo, serlo con los demás.

Un hombre es sabio por su conocimiento, por como lo transmite, pero sobre todo,  por como aplica su saber y bien hacer, y en eso, el profesor fue todo un ejemplo a seguir. El legado que nos deja es inmortal y eso lo hace perenne en el tiempo, siempre nos quedará su obra.

Sí profesor, hay un cielo para los sabios, y en ese cielo estará usted con todo merecimiento y humildad. El cielo de los sabios, el cielo que se haya donde queramos encontrarle, en sus libros, las hemerotecas, en todo su legado. Hay un cielo para usted. Gracias por todo maestro.

Jordi Carreño Crispín.

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Muere el escritor y economista José Luis Sampedro.

Madrid9 ABR 2013

El humanista, símbolo del compromiso intelectual y ciudadano y referente del movimiento indignado, fallece a los 96 años en su casa de Madrid

De la asamblea del 15-M de Chamberí (su barrio madrileño), al Ministerio de Cultura (que en 2011 le concedió el Premio Nacional de las Letras); de los vecinos anónimos de Mijas (donde pasaba parte del invierno) a sus ilustres colegas de la Real Academia Española (que en 1991 le vieron ocupar el sillón F), pocas veces un intelectual español habrá sido tan llorado en sitios tan distintos como José Luis Sampedro. Novelista y economista, referente para los críticos del capitalismo salvaje y profesor de varios ex ministros de Hacienda, el autor de Octubre, octubre y Realidad económica y análisis estructuralmurió en su casa de Madrid el domingo pasado, pero la noticia solo se ha conocido hoy, cuando sus restos ya habían sido incinerados.

Sampedro tenía 96 años y ninguna gana de protagonizar “el circo mediático en torno a la muerte de los famosos”, según explicó Olga Lucas, su viuda y colaboradora en los últimos años y en los últimos libros —de Escribir es vivir a Cuarteto para un solista, su despedida de la ficción, publicada en 2011—, la mujer que, decía el escritor, hizo que su moribundez fuera “muy satisfactoria”. “Nos dijo que quería beberse un Campari”, contó Lucas sobre los últimos momentos del escritor, “así que le hicimos un granizado de Campari. Me miró y me dijo: ‘Ahora empiezo a sentirme mejor. Muchas gracias a todos’. Se durmió y al cabo de un rato se murió”.

En 1991, durante su discurso de ingreso en la RAE, José Luis Sampedro afirmó que su dios era Jano —“el de un rostro a cada lado”—, y su vida tuvo siempre más de una cara. Nacido en Barcelona el 1 de febrero de 1917, el escritor vivió hasta los 13 años en Tánger, “un mundo que debería ser la tierra entera”, decía. “Los chicos llegábamos al colegio con diversas lenguas maternas, comprábamos golosinas con monedas diferentes, celebrábamos varias fiestas nacionales e incluso nuestro descanso semanal se repartía entre los días sagrados de tres religiones”. Así describía su infancia en ese discurso que le sirvió tanto para subrayar su calidad de “escritor furtivo” como para reconocer que el hecho de haberse dedicado a la literatura en las horas que le dejaba libres su oficio de economista había favorecido que, en su caso, marginalidad y autenticidad fueran más que una rima.

Cuando se estrenó como novelista con Congreso en Estocolmo (1951) Sampedro había escrito ya dos novelas que tardarían 40 años en ver la luz. También una obra de teatro. No en vano, el hombre que en 1977 entró en el Senado por designación real, pasó parte de la posguerra escribiendo con pseudónimo para espectáculos de revista protagonizadas por actrices que dormían en las butacas del teatro. Necesitaba el dinero, pero tuvo que dejarlo cuando le amonestaron en el ministerio de Comercio. Sampedro había llegado a Madrid en 1940 para estudiar económicas. Pensaba que la Economía sería útil para un funcionario de Hacienda y él lo era como “aduanero por oposición”. Había sacado la plaza siendo “un niño” después de dejar Tánger por Soria —”casi antes de la electricidad”— y Aranjuez —”un paraíso” con ventanas al jardín del Príncipe— para recalar en Santander poco antes de que estallara la Guerra Civil. Movilizado en el bando republicano, con la toma de la ciudad por los sublevados en agosto de 1937, el precoz funcionario fue reclutado por los franquistas. “No cambié de bando, me cambiaron”, decía. Por tradición familiar estaba más cerca de las posiciones conservadoras, pero pronto descubrió que la guerra no la habían gando los suyos.

José Luis Sampedro siempre dijo recordar la nobleza de los anarquistas con los que compartío batallón fugazmente, y durante toda su vida mantuvo una actitud lateral respecto al mundo literario y crítica respecto al financiero. Cuando miles de lectores se rindieron en los años ochenta y noventa del pasado siglo a obras como La sonrisa etrusca (1985), La vieja sirena (1990) o Real sitio (1993), su favorita, muchos descubrieron que el autor era un reputado Catedrático de Estructura Económica por cuyas clases habían pasado alumnos con apellidos como Boyer, Sochaga o Solbes.

“Solo los ingenuos y algún premio Nobel de economía llegan a creer que nuestro mercado encarna la libertad de elegir, olvidando algo tan obvio como que sin dinero no es posible elegir nada”, afirmó también en su ingreso académico alguien que reconocía que al capitalismo “le debemos el gran progreso que nos trajo desde las monarquías absolutas hasta las democracias surgidas de la Revolución francesa” pero que deploraba que la libertad no hubiera ido acompañada de la igualdad ni la fraternidad.

Fue su malestar con un tiempo cuyo libro sagrado, decía, es “el Evangelio según san Lucro” lo que acercó a Sampedro al movimiento del 15-M. En los últimos años, ni las cataratas ni la sordera consiguieron aislarlo del mundo. Ya nonagenario recordaba los versos de un poema que había escrito con 14 años y los puestos aduaneros de Hanoi y de Chile, que recitaba con la música de La casta Susana (versión de Marujita Díaz). Su lucidez estuvo siempre a la altura de su memoria. Cuando el periodista Jordi Évole le preguntó en su programa de televisión si antes de la crisis los españoles habían vivido por encima de sus posibilidades, José Luis Sampedro negó rotundo: también el crédito es una posibilidad, dijo. Si como economista sabía deslindar valor y precio, como escritor sabía desactivar con una sola frase cualquier lugar común.

OBRAS ECONÓMICAS

Principios prácticos de localización industrial (1957)

Realidad económica y análisis estructural (1959)

Las fuerzas económicas de nuestro tiempo (1967)

Conciencia del subdesarrollo (1973)

Inflación: una versión completa (1976)

El mercado y la globalización (2002)

Los mongoles en Bagdad (2003)

Sobre política, mercado y convivencia (2006)

Economía humanista. Algo más que cifras (2009)

El mercado y nosotros

NOVELA

La estatua de Adolfo Espejo (1939) -no publicada hasta 1994

La sombra de los días (1947) -no publicada hasta 1994

Congreso en Estocolmo (1952)

El río que nos lleva (1961)

El caballo desnudo (1970)

Octubre, octubre (1981)

La sonrisa etrusca (1985)

La vieja sirena (1990)

Real Sitio (1993)

El amante lesbiano (2000)

La senda del drago (2006)

Cuarteto para un solista (2011) -escrita en colaboración con Olga Lucas-

CUENTO

Mar al fondo (1992)

Mientras la tierra gira (1993)

OTRAS OBRAS

Escribir es vivir (2005) -libro autobiográfico escrito en colaboración con Olga Lucas-

La escritura necesaria (2006) -ensayo-diálogo sobre su obra novelística y su vida. Edición y diálogo: Gloria palacios. Ed.Siruela.

La ciencia y la vida (2008) -diálogo junto al cardiólogo Valentín Fuster ordenado por Olga Lucas-

Reacciona (2011)

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/04/09/…/1365498483_787591.html

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