La Titanomaquía que vino de la Transición…

Titanomaquia

Como si la hubiera escrito Hesíodo y cantado Plutarco u Orfeo España está en plena efervescencia de cambio histórico, está por ver si para bien o para mal. Se inició la Titanomaquia que vino de la Transición con el movimiento del 15M; con él nació la revolución de las nuevas deidades o Titanes del socialismo (no partidista, si no de la socialización) contra los dioses olímpicos de la propia Transición democrática. Empezó la Titanomaquía ibérica contra “la casta”.

Los nuevos titanes progresistas, hijos díscolos de un sistema que no eligieron, que la mayoría ni conoció y que tampoco se ha preocupado por conocer se rebelaron contra las doctrinas de sus padres, la de aquellos dioses que nos llevaron de la mano de la ilusión desde la dictadura caudillista hacia una dictadura disfrazada de democracia bajo el regio palio de una Constitución que convirtió al Estado en una Monarquía parlamentaria negociada bajo el sistema de la “dedogracia”.

Por aquél entonces los semidioses del Olimpo político venían adoctrinados por el caudillismo, estaban encarcelados, escondidos o exiliados esperando el renacimiento de los hombres. Juan Carlos de Borbón y Adolfo Suárez escribieron la Teogonía de la democracia y la Transición con nombres como: Santiago Carrillo, Felipe González, Manuel Fraga Iribarne, Roca Junyent y otros muchos más, que fueron los diseñadores y hacedores de nuestro actual modelo de Estado; ahora ya caduco y obsoleto. Un Estado de Autonomías mal definido y fundamentado en los pilares de aquél antiguo Movimiento Nacional que tan atado y bien atado dejaron el sátrapa y sus secuaces en manos de su delfín coronado.

El paso del tiempo fue declinando en contra de los endiosados olímpicos que se olvidaron de los hombres, los hijos de los dioses del Olimpo crecieron en la falta de respeto y empatía hacia los últimos, despreciándoles, engañándoles, robándoles el fuego, el pan y el vino hasta que sin darse cuenta, nació la nueva casta, la de los hijos de los hombres libres, algunos de ellos semidioses también, porque sus apellidos venían con el abolengo de antiguas deidades y, lógicamente se rebelaron contra sus ancestros.

Mientras, iba muriendo poco a poco en el tiempo la transicional casta, unos por muerte física, en muchos casos, y otros, de muerte político social u olvido mientras crecía con fuerza titánica la casta de los inconformistas, de los oprimidos, de los revolucionarios que empezaron a campar y acampar sus ideales por el adormilado mundo de los humanos desencantados ante la ceguera de los dioses mayores y de las luchas intestinas por dominar el Olimpo y el mundo de los hombres, el de sus antecesores. Los dioses se olvidaron hasta de sus hijos en los que fue germinando la actual Titanomaquia de los irreductos, aleccionados por el Titán de la coleta en su cruzada contra la corrupción, el poder popular, la utopía conseguible y el sueño del Morfeo político amamantado en la más demagógica mentira de la humanidad… la igualdad.

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En medio de estas batallas irntestinas y homicidas de poder entre la casta de dioses y la casta de los endiosados se quedan los hombres y mujeres del día a día en la tierra mirando al cielo para observar los rayos y truenos de los nuevos Prometeos que intentan robarle el fuego a los dioses para domeñar el Mundo, mientras estos rezan a sus distintas deidades para que les salven de esta barbarie inhumana, de la incertidumbre y del pánico al mañana de ambición y desapego que los hallevado a la más irremediable de las miserias, la miseria humana; cuando lo cierto es que ya, unos y otros nos han condenado al averno de Hades hace mucho tiempo y que ya no quedan monedas para pagar a Caronte para que nos cruce el lago Estigia hacia los Campos Elíseos. Porque lo cierto es que actualmente el único camino que nos han dejado nos lleva directos hacia el Tártaro del agotamiento y la desolación gane quien gane esta guerra.

Murieron los antiguos dioses en manos de sus hijos, y estos crearon nuevas razas con el semen de la misma ambición y ansías de poder y que con la llama del antiguo fuego, el de sus padres, fabricando sus propias antorchas de verdad y piensan que con ése fuego, que es el único, nos pueden iluminar nuestras oscuras vidas. Y ahí es ahí donde muere el hombre definitivamente. En la hoguera del fuego único, del pensamiento único que está en manos de los Dioses, semidioses y Titanes y no en sus propias manos.  Hace tiempo que mataron al hombre y la libertad de la mano de la Titanomaquía que vino de la Transición.

Jordi Carreño

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