Una izquierda sin caudillos ni vasallos, una izquierda que no de miedo.

La transformación de la sociedad puede llevarse a cabo desde una democracia parlamentaria y no necesariamente desde la revolución…

3-politicos

Enrique Tierno Galván, Ernest Lluch y Julio Anguita

La crisis existencial e ideológica del PSOE ha iniciado el proceso de la nueva izquierda, la izquierda vieja, radical y revolucionaria, la izquierda del vasallaje y caudillos encadenados a viejas doctrinas de corte dictatorial, las llamadas “democracias del pueblo”, que son de todos, menos del pueblo. Las democracias bananeras o de hoz y martillo militarizadas que tienen como denominador común las colas, la falta de abastecimientos y el pensamiento libre que va en una misma dirección porque si piensas diferente, es que eres enemigo del pueblo. Todos a una como en Fuenteovejuna detrás del que más grita y ondea banderas y soflamas incitadoras del hartazgo popular y ejerciendo como los antiguos líderes religiosos: “haced lo que yo digo y no lo que yo haga”.

¿Pero qué democracia es aquella que no cree más que en un solo modelo de Estado y en una única ideología y, que pese a sus matices termina por ser el vivo retrato de sus caudillos? Desde Stalin a Mao, desde Fidel Castro a Maduro, desde Pol Pot a Kim Jon II o desde Idi AminRobert Mugabe¿Qué Estado gobernado por la izquierda no ha sido una dictadura? ¿Qué pueblos han vivido en libertad y democracia bajo la proclama de “democracias del pueblo”? La respuesta es más que obvia. Ninguno a excepción de los democráticos.

marx

Karl Marx, el Viejo topo.

El ideario utópico del marxismo choca con dos realidades plausibles, una, el carácter propio del hombre y su ambición donde termina por prevalecer el predominio de los más fuertes sobre los más débiles, adulterando el dogma, igual como pasa con las religiones, y, dos, la incompatibilidad de la economía de mercado con los intereses productores y la generación de riqueza, la competitividad que por ende, al mismo tiempo que crea bienestar también genera desigualdad ampliando la franja diferencial entre ricos y pobres con la disminución de las clases medias o intermedias. Eso es así, es un hecho irrefutable que la historia universal nos confirma.

¿Cómo se pueden vencer estas dos circunstancias adversas para generar políticas de izquierdas o sociales sin obviar lo obvio (valga la redundancia)?

Sólo hay un modo bajo mi punto de vista. La democracia. El menos imperfecto de los sistemas de libertades y que se fundamenta en el poder que ejerce el pueblo, o la mayoría de él. Pero que debe ser aceptado y protegido por todos, es decir, no vale jugar al juego de la democracia y, si el resultado del juego no me conviene, lo cambio. Sus debilidades son también sus propias fortalezas y por ello deben protegerse con solidaridad, honorabilidad y honestidad por todos los actores. Las libertades se ganan día a día con dificultad y tiempo y se pierden con rapidez fácilmente.

Para la izquierda solo veo una opción válida en su totalidad, la de huir del dogma o dogmas para extraer un nuevo principio ideológico adaptable a los nuevos tiempos, a las nuevas sociedades y a las necesidades de estas independientemente de sus matices ideológicos. Y eso pasa por la adaptación y remodelación de los sistemas sociales, de los modelos de estado y los conceptos de economía y productividad hacia prácticas y organizaciones más sostenibles, razonables y solidarias que gestionen mejor y equitativamente los recursos haciendo que las diferencias sociales se mantengan en máximos mínimos, es decir, acortar las diferencias entre clases sociales altas y las más bajas haciendo crecer las clases medias. ¿Qué modelo de estado sería entonces el más óptimo? Es difícil apostar por un solo arquetipo o patrón, ya que las características intrínsecas de cada cultura, demografía, creencias, geografía e historia darán el resultante de tipos productivos diferentes. Pero ello no es óbice para que estos no puedan ser globales y solidarios con los demás. Trabajar para el futuro de la humanidad, sus razas y culturas es una obligación común.

El futuro de las políticas de izquierdas o sociales pasan por moderar sus mensajes y criterios adaptándolos a los tiempos modernos. Es incongruente aplicar ideologías del siglo XIX al siglo XXI y venideros, pero tampoco pueden olvidar su mensaje, el de socialización, por ello deben conjugar la misma con el concepto de economía, y hoy, con el de economía global. Sigo creyendo en el modelo adaptado de socialdemocracia que aplicaron Olof Palme en Suecia o la socialdemocracia alemana de Willy Brandt, y que postularon en España políticos como Tierno Galván, Ernest Lluch o el propio Julio Anguita. La transformación de la sociedad puede llevarse a cabo desde una democracia parlamentaria y no necesariamente desde la revolución. Es decir, la izquierda sin caudillos ni vasallos, una izquierda que no de miedo. Una izquierda garante y vigilante de los sistemas democráticos, una izquierda siempre crítica pero no radical.

Jordi Carreño Crispín   @JordiCris.

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