La Capilla Sixtina del Paleolítico Superior… La Cueva de Altamira.

“Después de Altamira todo el arte parece decadente”. Pablo Picasso.

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El arte rupestre, Rupestre: Relativo a las rocas.  Dícese de los dibujos y pinturas de la época prehistórica existentes en algunas rocas y cavernas. El arte su forma artística demuestra y prueba la capacidad del hombre para expresarse independientemente de la época, de las condiciones y limitaciones de las mismas, éstas, no le impiden plasmar sus visiones, ideas, conceptos y sentimientos dejando muestra de su existencia y de los mismos.

Considerada la Capilla Sixtina del arte rupestre y declarada patrimonio de la humanidad desde el año 1985, la bóveda de la cueva de Altamira de 18 metros de largo por 9 de ancho y entre 1 y 2 metros de altura es la mayor representación artística del Paleolítico Superior, y bajo mi modesto punto de vista, la mayor de historia del Arte, por el período, circunstancias y limitaciones del mismo, por las técnicas utilizadas para su preparación y ejecución (la policromía y el relieve), por el impacto científico que supuso que representó un cisma contra las tradiciones y dogmas de la época en que fueron descubiertas por María, la hija de Marcelino Sanz de Sautuola, en un contexto de lucha suprema entre la influencia y superstición religiosa contra la ilustración científica, por el entorno geográfico de una sociedad caciquil en una España que empezaba a sumarse a los cambios políticos y sociales de la Revolución Industrial, a la competencia con la clase científica gala, hasta entonces la única reconocida como prestigiosa en las disciplinas de la antropología y arqueología mundial con los descubrimientos de los primeros yacimientos paleolíticos franceses desde las Cuevas de Chauvet del Auriñaciense hasta las del Solutrense y Magdaleniense de Lascaux, Trois-Frères o Rouffignac liderados por renombrados hombres de la época como H. Lartet, G. de Mortillet, H. Christy, Marcellin Boule, E. Piette, Salomon Reinach, Laming Emperaire e indudablemente los más inflyentes, H. Breuil, Leroi-Gourhan y el inicialmente intransigente Cartailhac que tardó 20 años en reconocer y legitimar el descubrimiento de María y Marcelino San de Sautuola publicando su carta “Mea culpa d’un scéptique“.

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María y Marcelino Sanz de Sautuola

Altamira conserva más de 260 pinturas y grabados con imágenes zoomorfas, el conjunto más importante se encuentra en el techo de la “Sala de los Polícromos” que contiene más de treinta figuras, con representaciones de bisontes, caballos, jabalíes y ciervos, unas figuras polícromas, rojas y negras, que se superponen entre sí adaptándose a los salientes de la roca, para dar sensación de relieve.

El Arte Rupestre ha sido la expresión del hombre y los grupos más tempranos desde el Periodo Paleolítico Superior alrededor del mundo, aproximadamente: entre los 40,000 a 35.000  años B.C. y los 15.000 a 10.000 B.C. La demostración de la necesidad inherente del ser humano de comunicarse entre sí, de plasmar mensajes a lo largo  de su historia.

Es parte de la expresión espiritual de culturas antiguas, que representaron y hoy día continúan representando  sus conceptos  mágico-religiosos  y actos cotidianos, así como eventos que en determinado momento han revestido una relevancia especial en su vida diaria, por lo que fueron conmemorados y trasmitidos a otras generaciones y a otros grupos coexistentes.

En un primer momento el arte rupestre paleolítico se consideró como puramente ornamental, carente de significados más complejos. Este punto de vista se apoyaba en el arte mueble conocido hasta entonces. Pero los avances en el conocimiento de la época, así como los descubrimientos que se iban haciendo, pusieron de manifiesto que había un complejo e indescifrable nexo entre los objetos representados y su localización. Se pintaba un limitado número de especies; con frecuencia las pinturas, dibujos y grabados se encuentran en los lugares más inaccesibles de las cuevas; hay asociaciones y signos enigmáticos, figuras intencionadamente incompletas o ambiguas y cuevas decoradas que aparentemente no fueron habitadas.

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A comienzos del presente siglo se aplicó al arte paleolítico la teoría funcional de la magia simpática. Según esta teoría, las pinturas servían para influir de forma mágica en sus modelos reales. Así por ejemplo, un bisonte pintado provocaría la caza de dicho animal. Se intentaron descubrir ritos y magias en cada aspecto del arte paleolítico, en los fragmentos de objetos decorados y en la representación de animales con flechas clavadas para propiciar su captura. Pero muy pocas figuras de animales paleolíticos tienen flechas clavadas, y muchas cuevas no tienen ninguna imagen de este tipo. En otros casos no hay escenas evidentes de caza y los huesos de animales encontrados en muchas cuevas no guardan relación con las especies pintadas, de modo que la motivación oculta del arte rupestre pudo distanciarse de las prácticas cotidianas que reflejan los restos descubiertos hasta ahora.

Otra teoría bastante popular fue la denominada magia de la fertilidad, según la cual la representación de animales garantizaría su reproducción y la consiguiente provisión de alimentos para el futuro. Pero en muy pocos casos se distingue el género de los animales, y los genitales se muestran casi siempre de manera discreta. En cuanto a la copulación, en toda la iconografía paleolítica solamente hay uno o dos ejemplos (bastante dudosos).

En definitiva, la mayor parte del arte paleolítico no tiene una relación clara con la caza o la reproducción. En la década de 1950 dos investigadores franceses, Annette Laming-Emperaire y André Leroi-Gourhan, llegaron a la conclusión de que las cuevas no habían sido decoradas al azar, sino de forma sistemática. Concibieron los diferentes ejemplos de arte rupestre como composiciones cuidadosamente planificadas dentro de cada cueva, considerando a los animales no como retratos sino como símbolos. Descubrieron toda una serie de asociaciones que se repetían con frecuencia: el predominio de caballos y bóvidos, agrupados en los muros centrales, se consideró una representación de la dualidad sexual. Dividieron también los signos abstractos entre masculinos (falos) y femeninos (vulvas).

Algunos investigadores intentan establecer criterios para identificar la obra de artistas individuales. Otros han creído descubrir relaciones entre las paredes más decoradas y la acústica de la cueva, sugiriendo con ello que el sonido desempeñó un importante papel en las ceremonias asociadas al arte rupestre.

¿Cuál es la importancia de la Cueva de Altamira?

Suponen el primer conjunto pictórico prehistórico de gran extensión conocido hasta el momento. Este descubrimiento determinó que el estudio de la cueva y su reconocimiento levantasen toda tipo de controversia respecto a los planteamientos aceptados por la ciencia prehistórica del momento y por la educación  religiosa opuesta claramente a las  teorías evolutivas.

El realismo y técnica de las escenas pintadas provocaron un fuerte debate en torno a su autenticidad. Su reconocimiento como una obra artística realizada por hombres del Paleolítico supone un largo proceso en el que, también, se van a ir definiendo los estudios sobre la Prehistoria.

Su primer defensor fue el propio Marcelino Sanz de Sautuola, su descubridor. Su valor será avalado por los frecuentes hallazgos de otras piezas de arte mueble similares en numerosas cuevas europeas. A finales del siglo XIX, principalmente en Francia, se descubrieron pinturas rupestres innegablemente asociadas a las estatuillas, relieves y huesos grabados aparecidos en niveles arqueológicos paleolíticos, unidos a restos de animales desaparecidos (mamut, reno, bisonte, etc.).

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Dibujo realizado por Marcelino Sanz de Sautuola

En ese reconocimiento, destacó muy positivamente el Abad Henri Breuil. Sus trabajos en torno al arte parietal, presentados en el congreso de la Asociación Francesa para el Avance de las Ciencias en 1902, provocaron cambios sustanciales en la mentalidad de los investigadores de la época.

Cartailhac fue el mayor o uno de los mayores opositores a reconocer la autenticidad de las pinturas de Altamira. El descubrimiento de grabados y pinturas a partir de 1895 en las cuevas francesas de La Mouthe, Combarelles y Font-de-Gaume, le hace reconsiderar su postura. Tras visitar las cuevas, escribió en la revista L’Antropologie (1902) el artículo titulado La grotte d’ Altamira. Mea culpa d’ un sceptique. Este artículo conllevó el reconocimiento universal del carácter paleolítico de las pinturas de Altamira.

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Fijada la autenticidad de las pinturas, se inicia el debate sobre la propia obra. La divergencia entre los investigadores se centra en torno a la precisión cronológica, la misteriosa finalidad de las mismas y su valor artístico y arqueológico. Estas cuestiones afectaron, no sólo a la cueva de Altamira, sino a todo el arte rupestre cuaternario descubierto.

El método del carbono 14 llevó a los investigadores Laming y Leroi-Gourhan a proponer para las pinturas de Altamira una datación entre 15.000 y 12.000 años B.C. Pertenecían, por tanto, al período Magdaleniense III.

La Técnica.

Las imágenes se encuentran grababas o dibujadas en las paredes y techo con pigmentos minerales ocres, marrones, amarillentos o negros, mezclados con aglutinantes como la grasa animal. Se aplicaron con los dedos, con algún utensilio a modo de pincel y en ocasiones soplando la pintura a modo de aerógrafo. También se usó carbón vegetal para perfilar los bordes. Pero quizá lo más sorprendente de las pinturas sea su expresividad, conseguida no tanto por una imitación exacta del modelo como por una extraordinaria habilidad para utilizar las manchas de color y las líneas, consiguiendo dotar a las figuras de una fuerza y un naturalismo que aún hoy nos resultan difíciles de mejorar. Los artistas (porque no se puede calificar de otro modo a los artífices de semejante maravilla) que las llevaron a cabo supieron hacer uso de los juegos de sombras y de la perspectiva, como se puede comprobar en la imagen de la cierva, modelada con un magistral cromatismo. Otra de las representaciones más emblemáticas es la del caballo, como el resto de los animales, dibujado con un gran detallismo anatómico.

Llama la atención es el asombroso realismo de las imágenes, las más bellas realizadas en la cúpula de la galería central. El bisonte es el animal que más veces aparece representado, aunque también hay caballos, ciervos, jabalís, mamuts, renos (animales propios de climas muy fríos que en la actualidad están extinguidos en Europa) figuras antropomorfas y diversos símbolos. Aparecen representados de manera independiente, no formando escenas y ocasiones se han aprovechado los abultamientos de la roca para conferir volumen a las formas. Tal es el caso del bisonte encogido, una de las imágenes más conocidas, que fue concebido en esa postura para coincidir con un resalte rocoso y que destaca por su enorme verosimilitud.

Los elementos representados pertenecen a diversas épocas. Se cree que las pinturas más antiguas son las rojas, sobre las que se añadieron otras negras. Más tarde se pintarían las polícromas rodeadas nuevamente de imágenes negras.

Sobre el significado de estas escenas o las posibles intenciones de los hombres que las concibieron existen muchas interpretaciones. Pudiera haberse tratado de un santuario religioso, o de la representación de una batalla simbólica entre dos clanes, encarnados por la cierva y el bisonte. Acaso sean los ritos de fertilidad lo que se plasmó en las paredes y techo de la cueva, o ceremonias para propiciar la caza (se pintarían los animales que más tarde serían cazados). Incluso se ha manejado la hipótesis del “arte por el arte”, que abogaría por una utilidad meramente estética.

Reconocer por ello al autor o autores como verdaderos artistas es reconocer no sólo la calidad de la obra sino la capacidad del hombre desde su muy temprana edad evolutiva como una auténtica capacidad creativa, sensible, técnica y de adaptación al medio que lo distingue como animal racional sobre el resto de las especies. Altamira es la constatación no sólo del arte humano, lo es por ende, de la propia esencia del mismo.

Jordi Carreño Crispín.

Nota: B.C (Before Christ) Antes de Cristo

Fuentes Consultadas, extractos, enlaces y adaptaciones de textos utilizados:

Editorial.

El Arte en la Prehistoria de Mario Menéndez, Martí Más y Alberto Mingo. UNED.

Técnicas y Medios Artísticos de Esther Alegre, Genoveva Tusell y Jesús López Díaz. UNED.

Manual de Arte Prehistórico de José Luis Sanchidrián.

Enlaces:

http://enciclopedia.us.es/index.php/Cueva_de_Altamira.

http://museodealtamira.mcu.es/web/docs/El_descubrimiento.pdf

http://www.rtve.es/noticias/20140118/cueva-altamira-tesoro-arte-rupestre-espanol/853240.shtml

http://www.artehistoria.com/v2/monumentos/36.htm

Fotografías:

http://museodealtamira.mcu.es/Prehistoria_y_Arte/la_cueva.html

http://museodealtamira.mcu.es/

http://www.eldiariomontanes.es/20130419/local/torrelavega-besaya/esceptico-equivoco-altamira-201304191957.html

 

 

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