La Crispación en las redes sociales: Los perros de los “Perroflautas” y los polluelos de las “Águilas Imperiales”

Sin ánimo de ofender más que aquellos que se puede, porque sólo ofende quien puede y a quien se puede y no quien quiere, me gustaría dejar una pequeña reflexión a colación de esas pequeñas discusiones o mini debates de las redes sociales donde el argumento más común es el radicalismo; sea de izquierdas o derechas, el insulto fácil y la descalificación personal. Se perdió el gusto por las flechas irónicas y analogías metafóricas para uso del lenguaje fundamentalista y soez. La libertad de expresión es otra cosa.

Expresiones como “facha”, “fascista”, “rojo de mierda”, “basura capitalista”, “capullos pseudoprogres”, “perroflautas”, nazi hijo de p…” etc., etc. No son más que, uno, falta de argumentos antes las objeciones a las que son sometidos con razonamientos y argumentos contrarios a los suyos, dos, total desconocimiento del interlocutor, y de ahí las apreciaciones o desprecios personales sin más, y tres, y la más preocupante, la debilidad emocional e intelectual del que necesita certezas rotundas de otros para encontrar un motivo para vivir asimilando sin ningún tipo de duda la verdad absoluta o pensamiento de otros. La incapacidad de autocrítica y menos la de reconocer, no un error, sino la posibilidad de que haya otras opciones diferentes, mejores, iguales e incluso peores a las suyas pero tan lícitas y válidas como las suyas hacen que  estos sentencien de manera categórica y única con insultos. Su único argumento. Aquí mueren el eufemismo y la ironía como herramientas del debate inteligente.

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Gente que ladra consignas y que cuando lo hace no se dan cuenta de que, los demás piensan o pensamos que, “…sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos” tal y como plasma en su poema Johann Wolfgang von Goethe “Ladran” (Kläffer).  The dicho bien, sí, porque la expresión “Ladran, luego cabalgamos” no aparece en el Quijote como la mayoría piensa.

Me dan pena, siento verdadera lástima por ellos, por la incapacidad de poner en duda su única verdad, pues como expuso Descartes en sus “Meditaciones metafísicas” la primera verdad es… “pienso, existo” y éste es un método de razonamiento que lleva a plantearse o replantearse más motivos de duda que de certeza pues se propone investigar a fondo toda cuestión a fin de determinar si hay algo verdadero en la misma o, en caso contrario, obliga al menos a buscar la verdad alternativa, el convencimiento o el precepto de que en la certeza no hay nada absoluto o ninguna verdad. Que esta es relativa. Y eso crea inseguridad, miedo y pereza.

Pues nada, entre jaurías de niños y no tan niños ladrando consignas marxistas, bolcheviques, trotskistas, etc., y otros rememorando aspiraciones con gañidos de futuro nacionalsocialista o IV Reich, o como mínimo al amparo de un Caudillo,; unos, hablando de libertades mientras quieren cercenar las de los demás, de democracia apoyando a regímenes autocráticos, dictatoriales, represores o como mínimo faltos de libertades, y otros, soñando con sátrapas salvapatrias que reordenen sus vidas y mentes obtusas, para no tener que pensar, es más fácil sólo obedecer, anda el juego de la inquina, descalificación, odio y enfrentamiento que marca la crispación de lo que siempre fue el mejor ejercicio de la democracia, el debate. Y así nos va… Ladran o gañan  unos y otros Sancho, pero no sé si cabalgamos.

Las sociedades que consideramos democráticas o más avanzadas en derechos y libertades se han enfrentado históricamente a variedad de conflictos teniendo que  resolver y reconocer que las personas que las conforman son diversas y plurales. Por ello se crearon e instauraron estamentos y mecanismos populares que permitieran llegar a acuerdos, consensos, transacciones y pactos promoviendo como método el conflicto regulado como algo provechoso para el aprendizaje colectivo. Uno de estos mecanismos es el debate.

Como escribió ayer Rosa Montero en su fabuloso artículo de El País, LOS RINCONES DE LA ESTUPIDEZde lo que estoy segura es de que los humanos chillamos muchísimo y nos golpeamos el pecho como gorilas para alardear de nuestras opiniones, y en realidad somos pequeños, irresponsables, contradictorios y lerdos (no hay más que asomarse al griterío de las redes para comprobarlo). No somos nada.” Touché Rosa Montero.

@JordiCris

El advenimiento republicano de España.

España al día de hoy está históricamente en mejor disposición de iniciar un proceso de cambio para la implantación de un modelo de Estado republicano que durante la II República o “La Transición“.

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86 años después el republicanismo aún recuerda con añoranza la República tricolor y su modelo totalmente obsoleto soñando con el advenimiento de la Tercera pero el sentido común manda empezar la casa por los cimientos y no por el tejado…

Para que el republicanismo avance en España tiene la obligación de adaptarse a los nuevos tiempos y modificar su mensaje en base a la esencia de la corriente de pensamiento ilustrado, del propio republicanismo obviando partidismos, forma organizativa y tendencias como las unionistas, centralistas, federalistas, separatistas, conservadoras y/o progresistas.

Lo primero que hay que entender es que el republicanismo no es una opción política, no es de izquierda ni de derechas, es un modo de entender y ordenar la vida socialmente bajo una filosofía o pensamiento fundamentado en un modo de gobierno determinado, opositor de los sistemas absolutistas, monárquicos, aristocráticos y teóricos apartando los sistemas de gobierno corruptos por el poder privilegiado u oligárquico. Aquí no caben modelos económicos, pues a estos los traerán las diferentes alternativas de gobernabilidad, las tendencias más progresistas con sistemas más o menos socializados y las opciones más conservadoras con arquetipos más capitalistas.

La caída demostrable en números de la percepción de los españoles sobre su monarquía es más que evidente, el índice más bajo de popularidad desde la llegada de la democracia pese al pequeño repunte logrado desde el 2014 con la abdicación del monarca y el relevo del actual rey Felipe VI. A los números me remito: Hasta el año 2004, la monarquía era, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la institución mejor valorada por los españoles. En 1995, obtuvo 7,4 puntos sobre 10. En 1998, 6,72. En 2006, esta valoración descendió hasta un 5,19 y a partir de 2011, la monarquía solo cosechó un suspenso tras otro, un 4,89 en 2011, un 3,68 en 2013 y un 3,72 en abril de 2014. Actualmente se sitúa en 6,4 sobre 10 con la recuperación del actual jefe de Estado, eso indica que casi un 3.5 de españoles apoyarían una opción republicana, un 0.1 no se define y del 6.4 el 73% apoyan a Felipe VI no a la institución; es decir, 1.7 podrían ser opciones republicanas dejando el baremo en 5.2 posibles votos por un sistema de república. Claro está que esto son sólo datos teóricos, porque dentro del republicanismo con el modelo actual sus votos no suman más que casi el 25% de los sufragios, o lo que es lo mismo, no llegan a 1/4 de la población con derecho de voto, dado que las alternativas son casi todas de corte representativo de partidos de izquierda radical y algunos moderados.

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El Monarca español, Felipe VI

Esta caída en la consideración de la institución fue de la mano de una serie de escándalos que afectaron a la imagen institucional, especialmente la corrupción en el que están involucrados algunos miembros como la infanta Cristina, y su marido, Iñaki Urdangarín. Pero también las fotografías de Juan Carlos I en una cacería de elefantes en Botsuana en la cual se fracturó la cadera en 2012 y por la que pidió disculpas  y,  obviando las corredurías de rey emérito, que mucho tienen que ver con la nueva caída en los datos de recuperación que  estaba consiguiendo el actual monarca. En paralelo a este  deterioro de imagen del monarca emérito, la institución que representaba y de algunos casos más aislados de posibles corruptelas de delfines o afines al mismo, la opción de una república como forma de gobierno fue ganando fuerza según las encuestas.

De acuerdo con un estudio realizado por Metroscopia para el diario El País, mientras que en 1996, la ventaja de la monarquía sobre la república era de 53%, en 2012, esta diferencia se había reducido a un 16% y por primera vez en los casi 40 años de reinado de Juan Carlos I, la disyuntiva entre monarquía y república –que hasta entonces había sido una cuestión minoritaria- llegó a convertirse en un tema de debate social y real.

En resumen, el planteamiento de un debate político verdadero sobre el futuro de la monarquía depende mucho del desgaste del bipartidismo político actual y, de que se profundice en un cambio del sistema político y de Estado que evite el actual modelo lleno de corrupciones, abusos e instauraciones casi perpetuadas y, para ello se hace necesario romper las barreras e imagen que representa el republicanismo anticuado y arcaico que con el modelo de la II República que por otro lado total e históricamente demostrado, éste no sirvió, fue ineficiente, lleno de disensiones y luchas internas y está al día de hoy caduco. Basta ver las sociedades de modelo socializado cómo van desapareciendo al menos que sean autocracias.

Republicanismo en España

Proclamación de la II República española el 14 de abril de 1931

La oportunidad pasa por el retorno de los partidos más moderados, o de sus miembros con ideario republicano vivo, creando nuevas opciones de inspiración basada en los preceptos republicanos para conseguir una transmisión del propio pensamiento razonado, como una alternativa real, veraz y no como un sistema de enfrentamiento. Pasa también por el hecho de aprovechar la inercia y fuerza del objetivo común con la modificación de la actual Constitución a fin de que permita, una, la posibilidad de referéndum para decidir ése cambio,  dos, el cambio en sí de la misma para poder llegar a la elección o no del modelo de Estado por sufragio universal. O sea, decidir sobre la del cambio constitucional y de modelo de jefatura de Estado en las urnas.

Posibilidades que hoy en día no están tan lejos si las alternativas tienen miras de futuro y son capaces de adaptarse a las nuevas sociedades tecnológicas, globalizadas y cambiantes por sí mismas. No se pueden cambiar las cosas haciendo lo mismo de siempre, la evolución viene a través del cambio y, éste, es el único medio para conseguir el advenimiento del republicanismo en nuestro país.

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Manifestación por la III República española

La pregunta ahora es… ¿Seremos capaces los republicanos de buscar y consensuar el objetivo común sobre los intereses de las diferentes facciones y corrientes para ser una alternativa única y real por medio de la fuerza legal del voto? A esa pregunta, al día de hoy, yo no me atrevería a darle respuesta. ¿Podría Podemos – porque es la opción mayoritaria de representación republicana al día de hoy – llegar a acuerdos con PSOE, IU, PNV, ER y otras opciones menores? para llegar a incluir la de los conservadores no monárquicos de Ciudadanos y del PP  en opciones futuras por un objetivo superior que el de gobernabilidad y con el que se sumasen en la cámara más del 1/3 real de republicanos al día de hoy. Ahora mismo lo dudo. Pero también no dudo que nunca tuvo el republicanismo español el campo también abonado para su aspiración.

@JordiCris